miércoles, 3 junio 2026
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¿Adiós a los frenos en el Estado? Otto Guevara revela que el oficialismo podría poner Contralor «a dedo» sin pedir permiso

«Fin a la Circomisión»: El libertario desmenuza la estrategia con la que la nueva aplanadora oficialista podría controlar desde la agenda diaria hasta los nombramientos clave, dejando a la oposición contra las cuerdas.

En la política costarricense, el número mágico no siempre es 57. Para el exdiputado y analista libertario, Otto Guevara Guth, el verdadero poder reside en alcanzar el umbral de 29 a 31 diputados. Ante la proyección de que el partido Pueblo Soberano (de la presidenta electa Laura Fernández) logre consolidar una bancada mayoritaria, Guevara ha desglosado el «menú de opciones» que tendría el oficialismo para gobernar prácticamente sin ataduras en Cuesta de Moras.

El análisis de Guevara no es menor: sugiere un cambio de paradigma donde el Ejecutivo dejaría de rogar por votos para pasar a imponer el ritmo, una situación que no se veía con tal magnitud en décadas recientes.

1. La Joya de la Corona: El Contralor General

Quizás el punto más sensible del análisis es la capacidad de nombramientos. Con una mayoría simple (29 votos o más), la fracción oficialista tendría la potestad exclusiva de elegir al próximo Contralor General de la República.

Análisis de Contexto: Históricamente, la Contraloría ha sido la piedra en el zapato para gobiernos como el de Rodrigo Chaves (caso Ciudad Gobierno, Escáneres, etc.). Si el partido de Laura Fernández logra colocar a un Contralor afín a su línea ideológica, la fiscalización preventiva podría flexibilizarse, acelerando la ejecución de obra pública pero encendiendo las alarmas sobre los controles de transparencia. Guevara también añade a la lista al Defensor de los Habitantes y la ratificación de juntas directivas claves como la del Banco Central (BCCR) y la autoridad de competencia (COPROCOM).

2. El Control del Reloj y la Agenda

Guevara, viejo lobo de mar en el Congreso, explicó que tener la presidencia del Directorio Legislativo (que se gana con 29 votos) es tener el control del tiempo.

  • Sesiones Maratónicas: El presidente decide hasta qué hora se trabaja. Podría obligar a sesionar hasta la madrugada para cansar a la oposición.

  • Filtro de Mociones: Puede limitar el filibusterismo (técnica de atrasar votaciones con miles de mociones), calificándolas de improcedentes.

  • Comisiones a la Medida: El oficialismo podría dominar todas las comisiones, asegurando que los proyectos de ley salgan dictaminados en tiempo récord.

3. Adiós a la «Circomisión»

Uno de los dardos más afilados de Guevara fue hacia la Comisión de Control de Ingreso y Gasto Público. El libertario adoptó el término peyorativo usado por el «Chavismo» —«Circomisión»— para criticar su uso como herramienta de show político. Con mayoría, el oficialismo podría reorientar este foro para que vuelva a su naturaleza técnica o, en la práctica, neutralizar las investigaciones contra el gobierno de turno.

4. La Carta del Referéndum (29 votos)

Aquí está la llave para las reformas estructurales. Guevara recordó que con 29 votos, la Asamblea puede autorizar un referéndum solicitado por el Ejecutivo. Esto significa que temas polémicos que suelen quedar empantanados, como la apertura del mercado eléctrico, la explotación de oro o gas natural, podrían ser sacados del Congreso y enviados directamente a las urnas para que el pueblo decida, saltándose el bloqueo de fracciones como el Frente Amplio o el PLN.

El Muro de los 38 Votos

Sin embargo, Guevara puso los pies en la tierra. Aclaró que el poder no sería total. Existen «candados constitucionales» que requieren 38 votos (mayoría calificada). Para estos temas, Laura Fernández estará obligada a negociar con la oposición (probablemente con el PLN o los cristianos):

  • Préstamos Internacionales (Eurobonos).

  • Reformas a la Constitución.

  • Elección de Magistrados de la Corte.

Conclusión: La tesis de Guevara es clara: si los números se confirman, Costa Rica estaría ante un Ejecutivo con herramientas inéditas para aplicar su plan de gobierno de «libertad y prosperidad», siempre y cuando sepa usar la aplanadora legislativa sin romper el delicado cristal de la democracia.

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