En medio de una jornada marcada por el movimiento constante de votantes y la expectativa nacional, la mañana de este domingo 1.º de febrero dejó un episodio inesperado para la diputada liberacionista Dinora Barquero, cuando se dirigía a ejercer su derecho al voto en la provincia de Alajuela.
Según relataron personas cercanas al entorno de la legisladora, el incidente ocurrió antes de que ingresara al centro de votación. En ese momento, una mujer se le aproximó de forma directa y le reclamó supuestos hechos que, de acuerdo con su versión, se remontan a varios años atrás, cuando ambas se conocían.
“No te gustaba bañarte, te limpiabas con pañitos, y que decía que doña Soraida era tu mamá, pero era tu abuela, en fin te desenmascaré, págame los tres meses que me quedaste debiendo, era una niña de 12 años cuando tú mama me explotaba y usted también” le reclamó la mujer.
El reclamo se dio en un tono confrontativo y estuvo cargado de acusaciones personales relacionadas con una presunta deuda económica y situaciones vividas durante la niñez de la diputada. La mujer aseguró haber tenido una relación cercana con la familia y afirmó que existían asuntos pendientes desde esa época.
El intercambio llamó la atención de quienes se encontraban en las cercanías, especialmente por producirse en un contexto de alta sensibilidad política y cívica, como lo es el día de las elecciones presidenciales. A pesar de lo tenso del momento, la situación no pasó a mayores ni requirió intervención policial, según trascendió posteriormente.
Fuentes consultadas indicaron que la diputada continuó su camino hacia el centro educativo donde debía votar, visiblemente impactada por lo ocurrido, pero sin interrumpir su participación en la jornada electoral. Hasta el momento, no se ha informado de una denuncia formal presentada por ninguna de las partes ni de un pronunciamiento oficial adicional sobre el contenido de las acusaciones.
El episodio se suma a una serie de situaciones aisladas que han marcado el ambiente electoral de este domingo, donde figuras públicas y ciudadanos comunes coinciden en espacios abiertos, muchas veces bajo una fuerte carga emocional, reflejo de un proceso que moviliza no solo votos, sino también historias personales y tensiones acumuladas.


