«Tener fibra óptica en la casa no basta»: Aunque el país celebra una mejora en el ranking global gracias al sector privado, las aulas públicas siguen desconectadas y profundizando la desigualdad entre la GAM y las costas.
Los números fríos a veces esconden verdades incómodas. Si usted lee el titular del Índice de Competitividad Nacional (ICN) 2025, podría pensar que Costa Rica está volando en tecnología. El país subió su calificación a 56,2 puntos (un aumento de 1,7 respecto al año pasado). Sin embargo, al hacerle «zoom» a la letra menuda, aparece una realidad que preocupa a expertos y padres de familia por igual: el sistema educativo se está quedando atrás en la revolución digital.
El informe revela un dato lapidario: solo el 34% de los centros educativos cuenta con una conectividad adecuada para las necesidades pedagógicas actuales. Dicho en tico: en casi 7 de cada 10 escuelas, el internet es lento, inestable o simplemente inexistente, convirtiendo las computadoras en costosos pisapapeles.
Una mejora impulsada por los hogares, no por el Estado
Es vital entender por qué subimos en el ranking. El 73% de esa mejora en el puntaje no se debe a que el Ministerio de Educación Pública (MEP) haya cableado las escuelas, sino a la Adopción de Tecnologías (TIC) en el sector privado y residencial.
Costa Rica superó los 1,2 millones de conexiones fijas en 2024. Es decir, las familias y las empresas están haciendo su tarea contratando fibra óptica, pero la infraestructura pública educativa no avanza al mismo ritmo. El informe es claro: llenar el país de cables no garantiza automáticamente que un niño en Upala o en Coto Brus aprenda mejor si su escuela no tiene el ancho de banda para cargar un video educativo.
Las «Dos Costa Ricas» de siempre
El ICN 2025 vuelve a poner el dedo en la llaga sobre la desigualdad territorial.
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La GAM conectada: Los cantones centrales de San José, Heredia y Alajuela concentran la infraestructura robusta y la competitividad.
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La Periferia desconectada: En las costas y zonas fronterizas, la «conectividad adecuada» es un lujo. Esto crea una brecha odiosa: un estudiante de la capital tiene acceso al mundo en segundos, mientras que uno de zona rural debe esperar minutos para abrir una página web.
Esta disparidad amenaza con crear ciudadanos de primera y segunda categoría en el mercado laboral del futuro. Sin acceso fluido a herramientas digitales, los estudiantes de zonas rurales salen con desventaja competitiva antes de siquiera buscar su primer empleo.
Tecnología sin pedagogía es basura
El análisis de fondo sugiere que el problema no es solo de «fierros y cables». El informe advierte que, sin una mejora paralela en la infraestructura física (aulas decentes, electricidad estable) y en el capital humano (docentes capacitados para enseñar con tecnología), la digitalización tendrá un impacto nulo.
La conclusión es una llamada de atención urgente: de nada sirve que Costa Rica presuma de sus redes 5G o fibra óptica a nivel macro, si dentro de las aulas donde se forma el futuro, la señal sigue sin llegar.


