«No es broma»: El fundador del programa rompió el silencio en pleno 30 aniversario y acusó directamente a instituciones del Estado de quitarle el apoyo financiero a la ecología.
Lo que debía ser una fiesta por las tres décadas de existencia de uno de los galardones más prestigiosos de Costa Rica, se convirtió en un escenario de reclamos y preocupación. El programa Bandera Azul Ecológica (PBAE), ese distintivo que ondea en nuestras playas, escuelas y comunidades como símbolo de limpieza y sostenibilidad, podría tener los días contados si no se revierte el recorte de fondos estatales.
La denuncia no vino de un tercero, sino del propio «padre de la criatura». Darner Mora, fundador de la iniciativa, aprovechó la celebración del 30 aniversario para hablar «sin pelos en la lengua» y señalar a los responsables de esta crisis.
El Señalamiento: AyA en la mira
Mora fue directo al grano. Según su versión, entidades que por ley deberían sostener el programa están retirando su apoyo, poniendo en riesgo la continuidad de las evaluaciones de calidad del agua y gestión ambiental.
«Tenemos instituciones estatales, sobre todo el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), que le está quitando el apoyo a la bandera ecológica y yo no estoy mintiendo», sentenció el fundador, visiblemente molesto ante la falta de compromiso.
Contexto Legal: No se trata de una donación voluntaria. El Decreto Ejecutivo Nº 36481-Minaet-S establece claramente que el financiamiento y la logística del programa deben ser una responsabilidad compartida entre:
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El Instituto Costarricense de Turismo (ICT).
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El Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).
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El Ministerio de Salud.
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La Cámara Nacional de Turismo (Canatur).
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Y, crucialmente, el AyA.
«Nuevos Vientos» traen recortes
La preocupación no es solo financiera, sino política. Mauren Ballestero, representante ante el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), añadió una capa de análisis al conflicto. Para la experta, los cambios en la administración pública y la austeridad fiscal (los «nuevos vientos») están pasando factura a la conservación.
«Yo tengo un poco de preocupación… con los nuevos vientos vienen recortes, y con esto puede haber impactos dentro del programa Bandera Azul. Insto a las instituciones y al sector privado a que no aflojemos», advirtió Ballestero.
¿Qué perdemos si se va la Bandera Azul?
Para el ciudadano de a pie, esto podría sonar a burocracia, pero las consecuencias son tangibles:
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Turismo: Costa Rica se vende al mundo como destino verde. Perder la certificación internacional de playas limpias sería un golpe a la reputación y a la atracción de turistas europeos y norteamericanos que buscan estos sellos.
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Salud Pública: El programa garantiza que el agua de mar y de consumo humano en las comunidades galardonadas es segura. Sin fondos, los monitoreos podrían disminuir.
Silencio Institucional
Hasta el cierre de esta nota, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) no ha emitido una respuesta oficial sobre los motivos para reducir su aporte, a pesar de las consultas realizadas por la prensa nacional. El silencio administrativo deja en el aire el futuro de 30 años de trabajo ambiental.


