miércoles, 3 junio 2026
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El mundo más cerca que nunca del colapso: el reloj del apocalipsis avanza a un punto crítico

La humanidad nunca había estado tan cerca del abismo. Así lo advierten los científicos que administran el llamado reloj del apocalipsis, un símbolo creado para medir cuán próxima está la civilización de una crisis global irreversible. Este martes, el reloj fue ajustado a 85 segundos antes de la medianoche, la marca más alarmante desde su creación en 1947.

El anuncio fue realizado por el Boletín de Científicos Atómicos, una organización sin fines de lucro integrada por expertos en seguridad internacional, cambio climático y ciencia nuclear. Desde hace casi ocho décadas, este grupo evalúa amenazas existenciales que podrían poner en riesgo la supervivencia humana y del planeta.

Según el boletín, el avance del reloj no responde a un solo factor, sino a una combinación peligrosa de conflictos armados, debilitamiento de la cooperación internacional, retrocesos en la acción climática y el uso acelerado de tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial, sin marcos claros de control.

Un contexto global cada vez más tenso

Uno de los principales detonantes es el deterioro de la estabilidad nuclear mundial. Conflictos como la guerra entre Rusia y Ucrania, que ya supera los cuatro años, han vuelto a colocar la amenaza nuclear en el centro del debate internacional. A esto se suman tensiones crecientes entre India y Pakistán, ambos países con armas nucleares, así como el fortalecimiento de los arsenales de Corea del Norte y China.

También preocupa el debilitamiento de los acuerdos de control de armas. El último gran tratado entre Estados Unidos y Rusia se acerca a su vencimiento, lo que podría poner fin a más de seis décadas de restricciones que ayudaron a evitar una escalada nuclear durante y después de la Guerra Fría.

En paralelo, decisiones recientes de potencias mundiales han encendido nuevas alarmas, como los ataques a instalaciones nucleares en Irán y los planes estadounidenses para desarrollar sistemas de defensa antimisiles en el espacio, un escenario que podría trasladar los conflictos armados más allá del planeta.

El clima y la tecnología agravan el riesgo

El cambio climático sigue siendo otro factor determinante. La temperatura promedio global se mantiene entre las más altas registradas, mientras eventos extremos —inundaciones, olas de calor y sequías— cobran miles de vidas cada año y golpean con más fuerza a los países más vulnerables.

Los científicos también alertan sobre amenazas emergentes. La rápida evolución de la inteligencia artificial plantea riesgos que van desde el uso militar de estas herramientas hasta la manipulación masiva de la información. A esto se suma la posibilidad de experimentos biológicos avanzados que, sin regulaciones estrictas, podrían desencadenar pandemias o colapsos ecológicos.

Un mundo más autoritario y menos cooperativo

El boletín advierte además sobre el auge de gobiernos con tendencias autoritarias y nacionalistas, donde prima la lógica del enfrentamiento y la competencia sobre la cooperación internacional. Este clima político, aseguran los expertos, reduce la capacidad global para responder de forma coordinada a amenazas que no reconocen fronteras.

Para activistas antinucleares, como quienes trabajan con sobrevivientes de las bombas atómicas en Japón, el mensaje del reloj es claro: la humanidad está jugando con fuego. Consideran que el riesgo de una guerra nuclear es hoy más alto que en cualquier otro momento desde el final de la Guerra Fría.

Una advertencia que no puede ignorarse

Aunque el reloj del apocalipsis ha sido criticado por algunos como una herramienta simbólica y subjetiva, sus creadores insisten en que no se trata de una predicción, sino de una llamada urgente a la acción. En el pasado, el reloj también ha retrocedido cuando las potencias optaron por el diálogo y el desarme, demostrando que el rumbo puede cambiar.

Hoy, sin embargo, el mensaje es contundente: el tiempo se acorta y la falta de decisiones firmes podría tener consecuencias irreversibles. Para los científicos, el desafío no es técnico, sino político y moral. La pregunta ya no es si el mundo enfrenta riesgos graves, sino si sus líderes estarán dispuestos a actuar antes de que el reloj marque la medianoche.

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