Un nuevo brote del virus Nipah ha puesto en guardia a las autoridades sanitarias de la India y a la comunidad científica internacional. La confirmación de varios casos en el estado de Bengala Occidental, una zona cercana a Calcuta —una de las ciudades más densamente pobladas del país—, obligó a activar protocolos de emergencia que incluyen rastreo de contactos, aislamiento preventivo y vigilancia epidemiológica reforzada.
Aunque por ahora se trata de un número limitado de personas afectadas, el episodio vuelve a colocar en el radar a un patógeno poco frecuente, pero altamente letal, que desde hace más de dos décadas genera preocupación por su potencial de expansión.
Un virus poco común, pero de alto riesgo
El virus Nipah fue identificado por primera vez a finales de la década de 1990 en Malasia, tras un brote que afectó a criadores de cerdos y obligó al sacrificio masivo de animales para contener la propagación. Su nombre proviene de la localidad donde se detectó inicialmente y desde entonces ha aparecido de forma esporádica en distintos países del sur y sudeste asiático.
La Organización Mundial de la Salud lo incluyó en su lista de enfermedades prioritarias para investigación, junto a otros virus conocidos por su impacto global, debido a su elevada mortalidad y a la ausencia de una vacuna o tratamiento específico.
Cómo se transmite y cuál es su origen
El Nipah es una enfermedad zoonótica, es decir, se transmite de animales a humanos. Los principales reservorios naturales identificados hasta ahora son los murciélagos frugívoros, que pueden contagiar a personas de manera indirecta, ya sea a través de alimentos contaminados o del contacto con animales infectados.
En determinados contextos, el virus también ha demostrado capacidad de transmitirse entre personas, lo que obliga a extremar las medidas de aislamiento en hospitales y comunidades donde se detectan casos.
Síntomas y gravedad de la enfermedad
La infección suele iniciar con fiebre alta, malestar general y síntomas respiratorios. Sin embargo, en los casos más severos, el virus puede afectar el sistema nervioso central, provocando convulsiones, inflamación cerebral y estados de coma.
Según datos de la OMS, la tasa de mortalidad del Nipah puede variar entre el 40% y el 75%, lo que lo convierte en uno de los virus más letales conocidos. Actualmente no existe una vacuna aprobada, y el tratamiento se limita al manejo de los síntomas y el soporte médico intensivo.
Brotes anteriores y antecedentes en la región
Tras el brote inicial en Malasia, la enfermedad se detectó en Singapur entre trabajadores de mataderos que habían estado en contacto con cerdos importados. En los años siguientes, Bangladés e India se convirtieron en los países más afectados, con brotes recurrentes desde 2001.
Bangladés ha registrado más de un centenar de fallecimientos asociados al virus, mientras que en la India se han documentado varios episodios, algunos con decenas de muertes antes de lograr su control. En el estado de Kerala, al sur del país, las autoridades han enfrentado múltiples brotes en los últimos años, lo que evidencia que el virus sigue activo en la región.
Un contexto global que aumenta el riesgo
Especialistas en salud pública advierten que el aumento de enfermedades transmitidas de animales a humanos no es casual. En las últimas décadas, la expansión urbana, la deforestación, la ganadería intensiva y el crecimiento de los viajes internacionales han incrementado el contacto entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.
Este escenario facilita la aparición de nuevas infecciones y la adaptación de virus capaces de dar el salto a los humanos. Estudios científicos estiman que existen millones de virus aún desconocidos en mamíferos y aves, una parte significativa con potencial para infectar a las personas.
El brote de Nipah en la India no implica, por ahora, una amenaza inmediata a escala global, pero sí refuerza la necesidad de vigilancia constante, inversión en investigación y cooperación internacional para anticiparse a futuras emergencias sanitarias.


