viernes, 5 junio 2026
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La gran hipocresía del sistema de salud: confían en los médicos generales cuando conviene, los limitan cuando estorban

En comunidades remotas como Talamanca, es un médico general quien brinda atención prenatal e incluso atiende partos, porque simplemente no hay especialistas disponibles.

El sistema de salud costarricense vive una contradicción que raya en la hipocresía. No hay suficientes médicos especialistas, no se abren plazas de formación y los hospitales están saturados. Sin embargo, en la práctica diaria, son los médicos generales quienes asumen funciones que, en el papel, se pretende reservar únicamente a especialistas. Cuando no hay opción, cuando la urgencia apremia y cuando la vida del paciente está en juego, sí se reconoce su capacidad.

En comunidades remotas como Talamanca, es un médico general quien brinda atención prenatal e incluso atiende partos, porque simplemente no hay especialistas disponibles. Y no hay que ir hasta Talamanca: en el GAM, en hospitales y clínicas de todo el país, son médicos generales quienes realizan paracentesis (sacar líquido del abdomen en los pacientes con problemas del Hígado), colocan vías centrales (vias en venas grandes para dar medicamentos), manejan la vía aérea (ayudar a respirar a pacientes graves) y atienden salas de shock (pacientes entre la vida y la muerte). Son ellos quienes practican biopsias de diversos órganos para detectar cáncer, suturan heridas complejas, extraen lipomas (tumores de grasa bajo la piel), colocan y extraen dispositivos anticonceptivos dentro del útero y aplican terapia VAC (máquina que ayuda a cerrar heridas difíciles) cuando no hay un especialista cerca o cuando la carga asistencial lo exige.

Médico General, visita domiciliar, Población indígena Bribrí. Talamanca. 2009.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿sí tienen la capacidad cuando el sistema los necesita, pero no cuando se trata de reconocer formalmente su función profesional?

Esta doble moral deja al descubierto un modelo incoherente: se confía en el médico general para sostener la atención diaria, pero se pretende limitar su ejercicio mediante decretos y restricciones administrativas. Nadie discute la necesidad de regulación, pero negar la capacidad real de los médicos generales es cerrar los ojos a la realidad del país.

El discurso oficial habla de seguridad del paciente, pero la práctica demuestra otra cosa: sin los médicos generales, el sistema colapsa. La verdadera amenaza no es su trabajo, sino un sistema que los usa cuando conviene y los señala cuando incomodan.

Nota escrita por: ACOLME y ASCAMECC, FORO DE MÉDICOS Y CIRUJANOS DE COSTA RICA

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