miércoles, 3 junio 2026
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«¡Aquí no hay panderetas, hay planes!»: Fabricio Alvarado frena en seco a quienes lo acusan de mezclar a Dios con la política

«Ni púlpitos ni aleluyas en la campaña»: El aspirante presidencial asegura que sus posturas son de «principios» y no religiosas, marcando distancia con la polémica que encendió elecciones pasadas.

En un terreno político donde la línea entre el púlpito y la curul suele ser delgada, Fabricio Alvarado ha salido al paso para marcar la cancha. El candidato presidencial rechazó categóricamente que su movimiento esté utilizando la fe como moneda de cambio electoral, una práctica que no solo genera polarización, sino que está expresamente prohibida por la Constitución Política y el Código Electoral de Costa Rica.

Consciente de que la etiqueta de «candidato religioso» puede ser un techo de cristal para captar el voto indeciso o secular, Alvarado enfatizó que su proyecto se basa en una estructura técnica y no teológica.

La defensa: «Principios, no dogmas»

Desde una perspectiva de estrategia política, Alvarado intenta redefinir la narrativa. Ante las críticas recurrentes, su argumento es que defender la vida o la familia tradicional no es un acto religioso per se, sino una postura de principios, equiparable a las posturas ideológicas de sus rivales.

«Tenemos claro que utilizar las creencias religiosas para buscar votos está prohibido. Nunca le hemos dicho a nadie: vote por Fabricio Alvarado porque es cristiano», sentenció el candidato.

Análisis Legal: El aspirante navega con cuidado. El artículo 28 de la Constitución y el 136 del Código Electoral prohíben la propaganda política invocando motivos religiosos. Una violación a esta norma podría acarrear desde multas hasta la inhabilitación (beligerancia política). Por ello, el discurso de Alvarado migra de la «fe» a los «valores», un concepto más amplio y legalmente seguro.

El Plan de Gobierno: ¿La carta bajo la manga?

Para desviar la atención de los temas morales, Alvarado puso sobre la mesa su plan de gobierno, titulado «Por una sola Costa Rica». El candidato presume de un documento de más de 200 páginas, disponible en su sitio web (fabricioalvarado.cr), con el cual busca demostrar que su equipo tiene capacidad de gestión y no solo retórica conservadora.

«Más allá de la cantidad de páginas, lo importante es la calidad de los proyectos», afirmó. Esta táctica busca atraer al votante que exige soluciones concretas para el desempleo, la seguridad y el costo de la vida, y que no necesariamente se mueve por afinidades religiosas.

Contexto Periodístico: La sombra del 2018

Es imposible analizar estas declaraciones sin mirar el retrovisor. En 2018, la elección se definió por un «shock religioso» tras la opinión consultiva sobre el matrimonio igualitario. En 2026, Alvarado parece querer evitar que la historia se repita de la misma forma.

Su reto es convencer al electorado de que es un estadista preparado y no solo un líder carismático de un sector religioso. Al insistir en que «otros sectores defienden principios en una línea ideológica contraria», intenta nivelar el terreno de juego: todos tienen sesgos, el suyo es conservador, pero —según él— es político, no divino.

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