Aunque fue asesor de los Obispos católicos, el aspirante de Nueva Generación marca la cancha: «Rechazo enérgicamente el uso de la figura de Dios con fines políticos».
En medio de una semana donde las alianzas entre grupos religiosos y partidos políticos han acaparado los titulares, el candidato presidencial del Partido Nueva Generación (PNG), Fernando Zamora, ha decidido dar un golpe en la mesa. Con una postura firme, el abogado constitucionalista expresó su «enérgico repudio» a lo que califica como una instrumentalización de la fe y la figura de Dios para obtener réditos en las urnas.
La declaración de Zamora no es un ataque al azar; surge en un momento crítico de la campaña donde la línea entre el discurso espiritual y la propuesta política parece estarse borrando, un fenómeno que históricamente ha polarizado al electorado costarricense.
La autoridad moral: Católico, pero secular en la política
Desde una perspectiva analítica, la crítica de Zamora tiene un peso específico diferente al de otros candidatos. No viene de un sector anticlerical, sino de alguien que conoce las entrañas de la iglesia. Zamora fue asesor de la Comisión Nacional de Bioética de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, lo que le otorga credenciales conservadoras, pero a la vez, utiliza ese antecedente para validar su postura de separación.
«Mi labor política está separada de cualquier influencia religiosa», aclaró el candidato, tratando de desmarcarse de la tentación populista de presentarse como un «mesías» o un elegido divino, una táctica que otros actores políticos han empezado a desplegar con fuerza en los últimos días.
Análisis Periodístico: El peligro de la «Guerra Santa» electoral
Como periodistas políticos, debemos leer entre líneas: el mensaje de Zamora es una respuesta directa (aunque sin mencionar nombres) a movimientos recientes como el respaldo de grupos evangélicos al oficialismo. Al enfatizar la ética, el líder del PNG intenta posicionarse como la opción del «conservadurismo responsable», aquel que defiende valores pero respeta la institucionalidad laica del Estado.
Los puntos clave de su manifiesto:
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Transparencia: Zamora promete una campaña basada en propuestas tangibles, no en sermones.
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Respeto al Creyente: Al condenar la manipulación, el candidato sugiere que utilizar la fe del pueblo como herramienta de voto es una falta de respeto a la propia religión.
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Servicio vs. Dogma: Su enfoque se centra en el «auténtico servicio a la ciudadanía», buscando atraer a votantes que, aunque creyentes, están cansados de que se les diga por quién votar desde un altar.
Consecuencias: ¿Un debate de valores o de soluciones?
La intervención de Fernando Zamora busca reencauzar la discusión hacia los problemas reales del país (economía, seguridad, infraestructura) y alejarla de una «guerra santa» que poco aporta a las soluciones técnicas que Costa Rica necesita.
Al afirmar que su campaña estará «alejada de cualquier manipulación de la fe», el PNG traza una línea roja. Queda por ver si el resto de los contrincantes recogerán el guante o si, por el contrario, la invocación divina seguirá siendo la estrategia predilecta para movilizar masas en la recta final hacia febrero.


