«Pasamos de ser la Suiza a un país violento»: El candidato socialcristiano agita la campaña con cifras alarmantes sobre la Caja y la educación.
A tan solo 19 días de que Costa Rica decida su futuro en las urnas, el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) ha decidido quemar todas sus naves. En un acto cargado de simbolismo y nostalgia por la «época de oro» rojiazul, el candidato Juan Carlos Hidalgo anunció una serie de adhesiones de alto calibre que buscan enviar un mensaje de experiencia y orden frente a la incertidumbre actual.
Hidalgo no estuvo solo. Al estrado subieron figuras que marcaron el rumbo del país a finales del siglo XX y principios del XXI: el expresidente Miguel Ángel Rodríguez, la exvicepresidenta Astrid Fischel, el exministro Rodolfo Piza y el exdiputado Ricardo Toledo. Con este movimiento, el PUSC intenta aglutinar el voto disperso de la centroderecha bajo la premisa de que «el país siempre ha estado mejor» cuando ellos gobiernan.
El diagnóstico de Hidalgo: Una Costa Rica en retroceso
Desde una perspectiva analítica, el discurso de Hidalgo abandonó la diplomacia académica para conectar con el malestar social. El candidato lanzó una radiografía dolorosa de la realidad nacional:
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Crisis de Seguridad: Señaló que Costa Rica perdió su estatus de «Suiza centroamericana» para ocupar el vergonzoso segundo lugar como país más violento de la región.
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Colapso en la Caja: Denunció que ocho costarricenses mueren al día atrapados en listas de espera, una cifra que toca la fibra más sensible de la seguridad social.
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Emergencia Educativa: Utilizó los datos de comprensión lectora (jóvenes de 15 años con nivel de tercer grado) para retratar el «apagón educativo» que vive el país.
Análisis Periodístico: ¿Experiencia o pasado?
Hidalgo, quien ha liderado un proceso de modernización desde la presidencia del partido, busca equilibrar su imagen de «tecnócrata moderno» con el respaldo de los jerarcas históricos. El reto es mayúsculo: para un sector del electorado, la figura de Miguel Ángel Rodríguez representa estabilidad y visión de Estado; para otros, evoca los fantasmas de los juicios políticos de la década antepasada.
Sin embargo, en una campaña donde el oficialismo ha sido golpeado por cuestionamientos éticos y la oposición se encuentra fragmentada, el PUSC apuesta a la «seriedad del caso». Hidalgo insiste en que su propuesta no es una ocurrencia de último minuto, sino un proyecto «ajustado a los tiempos» que cuenta con el músculo de quienes ya saben qué es sentarse en la silla presidencial.
Consecuencias: La lucha por el voto indeciso
Las adhesiones de figuras como Rodolfo Piza —quien ha navegado entre candidaturas propias y puestos ministeriales en gobiernos de unidad— sugieren que el PUSC está intentando pescar en el río revuelto del descontento contra el Gobierno actual.
La gran incógnita de cara al 1 de febrero es si estas caras conocidas lograrán convencer a la juventud, que poco recuerda de los gobiernos de Rodríguez o Abel Pacheco, o si el PUSC quedará como un partido de nostalgia. Hidalgo tiene menos de tres semanas para demostrar que la «Unidad» no es solo un nombre, sino una maquinaria capaz de detener el deterioro que él mismo denunció.


