Groenlandia rechazó de forma tajante la idea de convertirse en un territorio de Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump volviera a insinuar el uso de la fuerza para anexionar esta región autónoma que pertenece al Reino de Dinamarca y que es rica en recursos minerales.
El mandatario estadounidense ha insistido en varias ocasiones en que el control de la isla es “crucial” para la seguridad nacional de Estados Unidos, debido al aumento de la actividad militar de Rusia y China en el Ártico.
El viernes, durante una reunión con directivos de la industria petrolera centrada en la explotación del crudo venezolano, Trump afirmó que se encargará de su objetivo en Groenlandia “por las buenas” o “por las malas”.
“Queremos ser groenlandeses”
Las declaraciones de Trump provocaron una reacción inmediata y poco habitual en la política local. Ese mismo viernes, los líderes de los cinco partidos representados en el Parlamento de Groenlandia difundieron una declaración conjunta en la que rechazaron cualquier intento de anexión.
“No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”, afirmaron de manera categórica.
El documento fue firmado tanto por los cuatro partidos que integran el gobierno como por la principal fuerza de oposición, que incluso promueve una independencia acelerada respecto de Dinamarca.
“El futuro de Groenlandia debe ser decidido por los groenlandeses”, concluye el texto.
Rechazo también en las calles
La postura política es respaldada por la población. En Nuuk, la capital del territorio, la idea de una anexión a Estados Unidos genera rechazo entre los ciudadanos.
Julius Nielsen, pescador de 48 años, expresó su descontento de forma clara:
“¿Estadounidenses? ¡No! Ya hemos sido una colonia durante muchos años. No queremos convertirnos de nuevo en colonia”.
Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953 y obtuvo su autonomía en 1979, aunque sigue formando parte del Reino de Dinamarca.
Preocupación en Europa
Las reiteradas amenazas de Trump han generado inquietud en Dinamarca y entre otros aliados europeos. Estados Unidos mantiene una base militar en Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial, lo que refuerza la sensibilidad geopolítica del territorio en el actual contexto internacional.


