El mal año competitivo, la eliminación temprana y las decisiones técnicas cuestionadas dejan a la Selección Nacional en una posición que refleja su crisis futbolística.
El 2025 quedará marcado como uno de los capítulos más complejos para la Selección de Costa Rica, no solo por la ausencia en la Copa del Mundo de 2026, sino también por el retroceso sostenido en el escalafón internacional. Al cierre del año, la Tricolor finalizará en la posición 49 del Ranking FIFA, un reflejo directo de su bajo rendimiento competitivo.
Este descenso consolida una tendencia preocupante: Costa Rica dejó de ser una selección habitual del Top 40 y perdió terreno frente a rivales directos de la región, lo que impacta su prestigio, planificación deportiva y futuros emparejamientos internacionales.
Un proceso que no dio resultados
El ciclo bajo la dirección técnica de Miguel Herrera terminó siendo decepcionante. La Sele no logró cumplir los objetivos mínimos ni en las Eliminatorias mundialistas ni en la Copa Oro, torneo en el que quedó eliminada en cuartos de final frente a Estados Unidos, sin mostrar una identidad clara ni una evolución sostenida.
Más allá de los resultados puntuales, el equipo evidenció falencias estructurales: falta de renovación efectiva, dependencia de individualidades y una transición generacional que nunca terminó de consolidarse.
La región pasó factura
El puesto 49 del Ranking FIFA deja a Costa Rica por debajo de selecciones como Panamá, Canadá, Estados Unidos y México, una realidad que confirma el crecimiento sostenido de estos países y, al mismo tiempo, el estancamiento del fútbol costarricense a nivel de selecciones.
En términos prácticos, esta caída afecta la posición de la Tricolor en futuros sorteos, reduce el margen de error en competencias oficiales y expone una pérdida de peso específico dentro de la Concacaf.
Consecuencias deportivas y decisiones urgentes
El cierre del 2025 obliga a una reflexión profunda dentro de la Federación Costarricense de Fútbol. El Comité Ejecutivo enfrenta ahora la responsabilidad de replantear el proyecto deportivo, evaluar el manejo del proceso anterior y tomar decisiones estratégicas que permitan recuperar competitividad a corto y mediano plazo.
La expectativa para 2026 es clara: reconstruir desde la planificación, fortalecer las divisiones menores, redefinir el cuerpo técnico y devolverle a la Sele un rumbo competitivo acorde con su historia reciente.
Un llamado a corregir el rumbo
El Ranking FIFA no miente: es la consecuencia directa de lo que sucede en la cancha. Para Costa Rica, el puesto 49 no es solo un número, sino una advertencia. El desafío será convertir este año para el olvido en un punto de quiebre que marque el inicio de una reconstrucción seria y sostenida.


