Un estudio científico reciente puso en evidencia un problema ambiental creciente en Argentina que también refleja una tendencia global: la presencia de medicamentos en ríos y arroyos. Investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) detectaron fármacos como ibuprofeno, paracetamol, carbamazepina y sildenafil —conocido comercialmente como Viagra— en varios cursos de agua superficiales de la región metropolitana de Buenos Aires.
El trabajo, publicado en la revista Environmental Toxicology and Chemistry, analizó muestras de ríos y arroyos que desembocan en el Río de la Plata, incluyendo los ríos Luján, Reconquista y Matanza-Riachuelo, así como afluentes más pequeños como Del Gato, Maldonado y El Pescado. Los investigadores destacan que este es el estudio más amplio hasta la fecha en la zona, tanto por la cantidad de compuestos evaluados como por la diversidad de sitios muestreados.
Los resultados muestran un patrón claro: mientras más urbanizada y densamente poblada es la zona, mayor es la concentración de fármacos. En áreas rurales se encontraron entre dos y tres medicamentos, mientras que en los tramos urbanos se detectaron casi todos los compuestos analizados. La investigación también reveló una variación estacional, con el sildenafil predominando en verano y los fármacos relacionados con afecciones respiratorias siendo más comunes en invierno.
Los científicos relacionan esta contaminación con múltiples factores: descargas de plantas de tratamiento de aguas, pozos ciegos, vertederos mal gestionados y la falta de infraestructura cloacal adecuada. “Lo que consumimos y descartamos no desaparece; termina afectando a los ecosistemas y a quienes dependen de esos cuerpos de agua”, explicó Daniela Pérez, becaria del CONICET y primera autora del estudio.
Este hallazgo no es un fenómeno exclusivo de Argentina. A nivel mundial, cada vez son más frecuentes los reportes de contaminantes farmacológicos en ríos, lagos y acuíferos, vinculados a hábitos de consumo, sistemas de tratamiento insuficientes y descargas humanas. En el país sudamericano, la situación se suma a otros desafíos ambientales, como la presencia de pesticidas y antibióticos en la cuenca del río Salado, afectando la calidad del agua y la biodiversidad.
Los expertos insisten en la necesidad de políticas públicas más rigurosas y la implementación de tecnologías avanzadas de depuración de aguas para prevenir daños mayores. La expansión urbana y la creciente presión sobre los recursos hídricos exigen acciones inmediatas para proteger tanto la salud humana como los ecosistemas acuáticos, advirtiendo que la contaminación farmacológica es un riesgo que no debe subestimarse.


