Mientras el ICE alista la maquinaria para la megaobra en Barrio Dent y Escalante, surgen voces críticas: ¿Es el túnel una solución real o solo un parche millonario para una ciudad de concreto?
Cada vez que llega la época lluviosa, cruzar por la rotonda de la Bandera, Barrio Dent o las cercanías de la Fuente de la Hispanidad se convierte en un deporte extremo. Las inundaciones provocadas por el desbordamiento de la Quebrada de los Negritos son una pesadilla recurrente para conductores y vecinos de San Pedro. Ante esta crisis líquida, ha surgido una propuesta sobre la mesa técnica: la construcción de un túnel subterráneo a cargo del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
Sin embargo, lo que parece una solución ingenieril de primer mundo, con un costo estimado de $12 millones (unos 6 mil millones de colones), ha desatado un intenso debate técnico entre urbanistas y geólogos sobre si realmente funcionará a largo plazo.
El Proyecto: Una cirugía mayor bajo tierra La iniciativa nace de la desesperación y la necesidad. Tras reunir a las municipalidades afectadas (Montes de Oca y San José) con representantes comunales de Barrio Dent y Escalante, se planteó la creación de este túnel como un desfogue artificial para la quebrada. El urbanista Carlos Ugalde ve con buenos ojos la intervención, pero con condiciones. Para él, el túnel no basta por sí solo; debe ir acompañado de una «rehabilitación» superficial de la quebrada hacia la Calle 39. «Considero que está muy bien planteado… debe haber dos obras paralelas: la del túnel y la rehabilitación de la Quebrada de los Negritos», explicó Ugalde, sugiriendo una visión integral y no solo un hueco bajo el asfalto.
La Voz de Alerta: «Estamos forzando la naturaleza» En la otra esquina del ring técnico, el reconocido geólogo Allan Astorga lanza un balde de agua fría sobre el entusiasmo del proyecto. Su postura es crítica y se basa en la historia hidrológica del Valle Central. Para Astorga, entubar ríos es una receta vieja que ya ha fallado antes. «Es repetir errores de los años 60 y 90. Volvemos a la misma lógica: entubarla, quebrarla y forzarla», sentenció.
El argumento del geólogo es demoledor: el contexto actual es mucho más hostil que hace 30 años.
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Urbanización salvaje: La microcuenca está llena de cemento, lo que impide que el agua se filtre al suelo, aumentando el caudal superficial.
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Cambio Climático: Las lluvias son ahora más intensas y concentradas en menos tiempo. Su temor es que el túnel, por costoso que sea, no de abasto ante los aguaceros «bíblicos» que azotan la capital recientemente.
La Factura: ¿Quién paga los platos rotos? El costo de 12 millones de dólares deberá ser asumido de manera compartida por los gobiernos locales involucrados. Esto plantea un reto administrativo enorme en tiempos de regla fiscal y presupuestos municipales ajustados. La moneda está en el aire: ¿Será este túnel la solución definitiva que San Pedro ruega, o terminaremos pagando una fortuna por una obra que la naturaleza, tarde o temprano, volverá a reclamar?
FUENTE REPRETEL


