Un análisis global reabre el debate sobre Covid, vacunas y salud cardíaca en menores
Un amplio estudio realizado en Inglaterra vuelve a poner sobre la mesa un tema que ha generado inquietud en familias de todo el mundo: cómo se compara el riesgo de daño cardíaco entre los menores que contrajeron Covid-19 y los que recibieron la vacuna de Pfizer, basada en ARN mensajero. Aunque se trata de una investigación con datos de 2021 y 2022, sus conclusiones siguen siendo relevantes para revisar políticas de vacunación y decisiones informadas de los hogares.
La investigación, publicada en la revista médica The Lancet, fue liderada por especialistas de la Fundación Británica del Corazón. Se trató de un estudio poblacional gigantesco: más de 13 millones de personas menores de 18 años, de las cuales más de 6 millones habían tenido Covid o habían recibido al menos una dosis de la vacuna. Para dimensionar su alcance, es uno de los trabajos más amplios enfocados exclusivamente en población infantil y adolescente.
¿Qué midieron los investigadores?
El equipo analizó registros electrónicos de salud de toda Inglaterra, revisando con lupa diagnósticos vinculados a:
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Trombosis arterial y venosa
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Trombocitopenia
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Miocarditis y pericarditis
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Síndromes inflamatorios
El diagnóstico de Covid se consideró a partir de la primera prueba PCR o de antígenos positiva; la vacunación, por su parte, se registró desde la primera aplicación de la vacuna Pfizer, la más utilizada globalmente en menores durante la pandemia.
Qué encontraron: dos riesgos, pero uno más marcado
Entre los 3,9 millones de menores que habían tenido Covid al momento del análisis, los problemas cardíacos se dispararon especialmente en la primera semana posterior al diagnóstico. Aunque el riesgo bajó con el paso de las semanas, ciertas afecciones —como el tromboembolismo venoso, la miocarditis y la pericarditis— se mantuvieron elevadas incluso más allá del año.
En contraste, entre los más de 3,4 millones de vacunados, se observó un incremento del riesgo de miocarditis y pericarditis durante las primeras cuatro semanas posteriores a la aplicación. Sin embargo, cuando los investigadores hicieron la comparación ajustada, la diferencia fue clara:
el riesgo absoluto de sufrir miocarditis o pericarditis fue dos veces y media mayor después de haber tenido Covid que después de vacunarse.
Para ilustrarlo en cifras:
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Tras el Covid: 2,24 casos por cada 100.000 menores
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Tras la vacuna: 0,85 casos por cada 100.000 menores
Con estos resultados, los autores concluyen que la vacunación sigue siendo una herramienta útil para reducir eventos cardíacos graves en chicos y adolescentes, especialmente considerando que los efectos ligados a la infección se extienden mucho más en el tiempo.
Qué dicen otros expertos y qué falta por aclarar
A pesar de la contundencia de los datos, otros especialistas señalan que el panorama actual es distinto al de 2021-2022. En ese periodo circulaban variantes más agresivas que las actuales subvariantes de Ómicron, hoy predominantes y, en general, menos severas.
El pediatra Adam Finn, citado por la agencia AFP, insistió en que hacen falta estudios nuevos para confirmar si la relación de riesgos sigue siendo la misma bajo las variantes actuales.
El tema cobra relevancia también porque, en Estados Unidos, la vacunación infantil contra el Covid ha registrado una caída notable. Las ventas de Pfizer bajaron un 25% después de que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) decidieran que la vacuna ya no se recomendaría universalmente, sino que quedaría a criterio de cada paciente. Además, el secretario de Salud estadounidense, Robert Kennedy Jr., ha expresado dudas públicas sobre la seguridad de las vacunas de ARNm y desaconseja su uso en niños sanos y mujeres embarazadas.
¿Qué significa esto para países como Costa Rica?
Si bien Costa Rica mantiene una tradición sólida en vacunación infantil y un sistema de salud robusto, las dudas y discusiones globales inevitablemente llegan a las familias ticas. Este tipo de estudios no pretende cerrar debates, sino aportar evidencia para decisiones más informadas.
La conclusión que dejan los investigadores británicos es sencilla:
aunque ambos escenarios —tener Covid o vacunarse— pueden generar riesgos poco comunes, la infección sigue siendo más peligrosa para el corazón juvenil que la vacuna.
Y aunque el virus de hoy no es el mismo de hace tres años, las autoridades sanitarias deberán seguir de cerca la evidencia para ajustar recomendaciones en beneficio de los menores.


