miércoles, 3 junio 2026
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¿Balas o puños? La verdad detrás del caos que hizo correr a las familias en pleno pasacalles de Puntarenas

Gritos, carreras y confusión total: Animadores tuvieron que intervenir para calmar a la multitud que juraba escuchar disparos en medio de una riña de jóvenes.

La Navidad llegó a Puntarenas envuelta en una polémica que refleja el estado de nerviosismo que vive la provincia. Este fin de semana, lo que estaba planeado como un alegre pasacalles para el disfrute familiar, terminó empañado por momentos de pánico colectivo, carreras y una guerra de versiones sobre lo que realmente ocurrió sobre el asfalto porteño.

La cronología del caos El evento transcurría con normalidad, entre música y disfraces, cuando el ambiente festivo se quebró de golpe. Testigos en el lugar reportaron una conmoción súbita: grupos de personas empezaron a correr buscando refugio, presas del miedo. La versión que corrió como pólvora entre los asistentes fue alarmante: «hay balazos». El sonido de detonaciones —reales o imaginarias— provocó que padres protegieran a sus hijos y buscaran salidas de emergencia, temiendo ser víctimas de un nuevo episodio de violencia armada.

La versión oficial: «Fue un pleito, no una balacera» Ante el descontrol, los organizadores y animadores del evento tomaron los micrófonos para intentar frenar la estampida. Su postura fue tajante y buscó desmentir los rumores de un ataque armado. «En el pasacalle hubo un problema, sí, pero nunca hubo una balacera», aclararon públicamente.

Según la organización, el detonante del pánico fue una riña callejera entre dos personas. La confrontación física generó un alboroto que, sumado al ruido ambiente, fue «malinterpretado» por la multitud, creando un efecto dominó de miedo. Insistieron en que no hubo armas de fuego involucradas ni casquillos en la escena.

Análisis: La «psicosis» de una provincia herida Más allá de si hubo disparos o no, el incidente desnuda una realidad ineludible: Puntarenas vive en alerta permanente. El hecho de que una simple pelea a puños sea capaz de desatar una estampida por miedo a balas, evidencia el trauma social de una comunidad que, en los últimos meses, ha sido escenario frecuente de ajustes de cuentas y homicidios a plena luz del día.

La reacción del público no fue exagerada, fue instintiva. En un contexto donde la violencia criminal ha tomado las calles, la línea entre un ruido fuerte y un disparo se ha borrado en la mente de los ciudadanos. Las autoridades locales llamaron a la calma y a no difundir desinformación para proteger las pocas actividades culturales que quedan, pero el susto de este fin de semana tardará en borrarse.

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