El «Neil Gehrels Swift» podría convertirse en un peligro inminente: Un cohete lanzado desde un avión a 12.000 metros de altura será el encargado de evitar el desastre en 2026.
La acumulación de chatarra espacial y el retorno no controlado de satélites viejos es una preocupación creciente para la seguridad planetaria. Ante este escenario, la NASA ha decidido no jugársela y ha puesto en marcha un plan preventivo de alto nivel para el 2026. El objetivo es claro: evitar a toda costa que el observatorio espacial «Neil Gehrels Swift» se convierta en una bola de fuego incontrolable que impacte zonas pobladas de la Tierra.
Una maniobra de ingeniería extrema A diferencia de los despegues tradicionales desde Cabo Cañaveral, esta misión parece sacada de una película de acción. La agencia espacial estadounidense ha contratado a una empresa privada para ejecutar un lanzamiento aéreo. La estrategia consiste en utilizar un avión L-1011 Stargazer modificado. Esta aeronave transportará bajo su fuselaje al cohete «Pegasus XL».
Una vez que el avión alcance los 12.000 metros de altura (aproximadamente 39.000 pies), soltará el cohete en caída libre por unos segundos hasta que este encienda sus motores y ascienda hacia la órbita baja terrestre. La precisión debe ser milimétrica para interceptar o gestionar la trayectoria del observatorio.
¿Qué es el Swift y por qué preocupa? El Neil Gehrels Swift no es un satélite cualquiera. Ha estado orbitando nuestro planeta durante casi dos décadas, cumpliendo una función científica vital: el estudio de los rayos gamma, las explosiones más potentes del universo. Sin embargo, como todo en la tecnología, tiene una vida útil. Su pérdida no solo dejaría un vacío en la recolección de datos astronómicos que ningún otro instrumento ha logrado suplir, sino que su gran tamaño lo convierte en un riesgo si su reingreso a la atmósfera no se controla.
Gestión de «Basura Espacial» Esta misión subraya un cambio de paradigma en la exploración espacial. Ya no basta con lanzar cosas al espacio; ahora hay que saber cómo bajarlas o asegurarlas. El plan de la NASA para 2026 busca realizar una desorbitación controlada o una estabilización que garantice que, cuando el Swift finalmente caiga, lo haga en el «Cementerio de Naves Espaciales» (Punto Nemo) en el Océano Pacífico, lejos de cualquier ciudad, o se mantenga en una órbita segura donde no represente amenaza.
Es una medida de responsabilidad proactiva para evitar lo que ha pasado con cohetes chinos o satélites antiguos que han mantenido al mundo en vilo esperando dónde caerán sus escombros.


