El pequeño vivió un infierno en su corta vida: La autopsia confirmó el «síndrome del niño agredido» y los jueces no tuvieron piedad con el progenitor.
La sala de juicios del Tribunal Penal de San Carlos fue testigo este lunes del cierre de uno de los casos más dolorosos y repudiados en la historia reciente de la Zona Norte. Los jueces dictaron sentencia condenatoria contra Hairon Lucas Pérez, imponiéndole una pena de 35 años de prisión por el homicidio de su propio hijo, un lactante de apenas dos meses de edad.
El crimen, que sacudió a la comunidad de Cedral de Ciudad Quesada en mayo del 2023, ha culminado con la máxima severidad de la ley, enviando un mensaje contundente: la violencia contra la niñez no quedará impune.
La evidencia del horror: «Síndrome del niño agredido» Lo que condenó a Lucas Pérez no fue solo el testimonio, sino la irrefutable evidencia científica forense. Durante el debate, se demostró que el fallecimiento del menor no fue producto de un accidente o una caída fortuita, sino la consecuencia final de un patrón de maltrato sistemático.
El dictamen médico legal fue desgarrador. El cuerpo del bebé presentaba el cuadro clínico conocido como «síndrome del niño agredido». La autopsia reveló múltiples fracturas en zonas que denotan violencia extrema:
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Fracturas en la clavícula.
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Lesiones en las costillas.
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Traumas severos en el cráneo.
Estas lesiones, algunas con diferentes estadios de curación, indicaban que el sufrimiento de la criatura fue constante durante sus pocas semanas de vida, culminando en el ataque fatal de mayo de 2023.
Justicia completa: Madre también condenada Este fallo contra el padre completa el círculo de la justicia en este caso. Cabe recordar que la madre del menor, Vanessa Cordero Ramírez, ya se encuentra descontando prisión.
A diferencia de Lucas Pérez, quien enfrentó el juicio ordinario, Cordero optó por someterse a un proceso abreviado meses atrás. En dicha instancia, la mujer aceptó su responsabilidad en los hechos (ya sea por comisión o por omisión culpable al no proteger a su hijo) y recibió una condena de 27 años de cárcel.
Análisis: Una deuda social La sentencia de 35 años es una de las más altas permitidas por el Código Penal para este tipo de delitos (homicidio calificado por el vínculo). Sin embargo, el caso deja un sabor amargo en la sociedad sancarleña y nacional. Más allá de la cárcel para los responsables, el suceso reabre el debate sobre la eficacia de las redes de cuido y la detección temprana de violencia intrafamiliar. ¿Cómo un bebé con fracturas múltiples pasó desapercibido hasta su muerte? Es la pregunta que queda flotando en el aire mientras dos padres inician décadas de encierro por apagar la vida que debieron proteger.


