jueves, 4 junio 2026
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¡Lluvia de amor en La Cueva! El verdadero «golazo» de Saprissa que alegrará la Navidad a los niños de Obras del Espíritu Santo

No importó el marcador, la gradería se lució lanzando juguetes al césped para apoyar la mega fiesta del Padre Sergio; así se vivió la tarde mágica.

Este domingo, el Estadio Ricardo Saprissa Aymá fue escenario de una jugada que no suma puntos en la tabla, pero que definitivamente gana campeonatos en el corazón de los costarricenses. Durante el encuentro entre el Deportivo Saprissa y el Municipal Liberia, la tensión habitual de la competencia dio paso a una escena cargada de ternura y empatía: la tradicional «Lluvia de Peluches».

El minuto de la solidaridad Tal como estaba pactado, la afición morada respondió al llamado. Desde las gradas de sol, sombra y platea, comenzaron a volar osos, muñecos y figuras de felpa hacia la gramilla natural de «La Cueva». En cuestión de segundos, el verde del césped se tiñó de colores, deteniendo momentáneamente la atención en lo deportivo para centrarse en lo humano. Jugadores y cuerpo técnico fueron testigos de cómo el «Monstruo» mostraba su cara más noble.

Destino: La sonrisa de un niño Todo lo recolectado tiene nombre y apellido: La Asociación Obras del Espíritu Santo. Esta organización, liderada por el carismático Padre Sergio Valverde, es la encargada de canalizar esta donación masiva. Los peluches serán los protagonistas de la famosa fiesta de Navidad que la asociación organiza cada diciembre para miles de niños en riesgo social y pobreza extrema. Para muchos de estos pequeños, el juguete que un saprissista lanzó hoy será el único regalo que recibirán en Nochebuena.

El fútbol como motor social Este tipo de iniciativas confirman que los clubes grandes no solo mueven pasiones, sino que tienen la capacidad de movilizar ayuda humanitaria. Saprissa, en alianza con Obras del Espíritu Santo, refuerza su identidad no solo como el equipo más ganador del país, sino como una institución con responsabilidad social activa.

La logística para recoger los juguetes fue rápida y eficiente, permitiendo que el espectáculo deportivo continuara, pero dejando en el ambiente la satisfacción de haber cumplido con la misión más importante: ayudar al prójimo. Al final de la jornada, el resultado en la pizarra pasa a segundo plano cuando la afición demuestra que, fuera de la cancha, también saben jugar en equipo.

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