miércoles, 3 junio 2026
- Publicidad -

Creó un perfil falso en redes, acosó a su hija de 14 años durante meses

El infierno digital que una madre creó para su propia hija

En Beal City, un tranquilo pueblo de Michigan donde todos se conocen y la vida transcurre sin mayores sobresaltos, nadie imaginó que detrás de una campaña de acoso cibernético devastadora estaría precisamente quien debía proteger a la víctima.

La historia de Lauryn Licari, quien hoy tiene 17 años, es un caso que sacudió no solo a Estados Unidos sino al mundo entero. Durante casi dos años, esta adolescente vivió una pesadilla digital que comenzó cuando apenas tenía 14 años y mantenía una relación amorosa con Owen McKenny, su novio de la secundaria.

Todo inició en octubre de 2020. Los primeros mensajes anónimos parecían tener un objetivo específico: romper la relación entre Lauryn y Owen. Textos que decían cosas como «ya no te quiere» o «vas a quedarte sola mientras él está con otra» empezaron a llegar al celular de la joven, generándole ansiedad y dudas sobre su noviazgo.

Después de varios meses de silencio, el acoso regresó con furia en septiembre de 2021. La intensidad se multiplicó de forma alarmante: Lauryn recibía entre 40 y 50 mensajes diarios. El contenido había escalado a un nivel perturbador, con insultos directos, amenazas serias, descripciones de carácter sexual explícito e incluso mensajes que la incitaban al suicidio.

La situación llegó a oídos de las autoridades escolares y rápidamente toda la comunidad se involucró. Los padres de ambos jóvenes, los maestros y directivos del colegio comenzaron a buscar al responsable. Entre quienes lideraban esta búsqueda estaba Kendra Licari, madre de Lauryn y entrenadora del equipo femenino de baloncesto de la escuela, quien mostraba una preocupación pública por lo que su hija estaba sufriendo.

Sospechosas inocentes que pagaron un precio injusto

Durante la investigación, las sospechas recayeron sobre dos jóvenes que nada tenían que ver con el caso. Una compañera de Lauryn llamada Khloe, quien al parecer no mantenía buena relación con ella, fue señalada como posible culpable y tuvo que presentarse junto a sus padres ante la policía para declarar.

También Adrianna, prima de Owen, enfrentó acusaciones y fue interrogada. Aunque ambas fueron descartadas como responsables, el daño psicológico que les causó ser señaladas públicamente fue considerable. Las dos jóvenes quedaron marcadas por un delito que jamás cometieron.

La policía local enfrentaba un obstáculo técnico significativo. El acosador utilizaba aplicaciones que generaban números telefónicos temporales y aleatorios, además de redes privadas virtuales que hacían casi imposible rastrear el origen de los mensajes. Cada pista conducía a un callejón sin salida.

El sheriff del condado de Isabella, Mike Main, comprendió que necesitaba ayuda especializada. Tras casi dos años sin resultados, solicitó la intervención del FBI. Fue entonces cuando un analista federal logró identificar las direcciones de protocolo de internet vinculadas a los mensajes, y el descubrimiento dejó atónitos a todos los involucrados.

El giro que nadie esperaba

Las direcciones rastreadas conducían directamente a los dispositivos electrónicos de Kendra Licari, la madre de la víctima. La misma mujer que había estado colaborando activamente en la investigación, que había participado en todas las reuniones escolares y que públicamente mostraba su angustia por el sufrimiento de su hija, era quien orquestaba todo el acoso.

Con esta información, el sheriff Main obtuvo una orden judicial para secuestrar los teléfonos celulares y computadoras de Kendra. En diciembre de 2022 llegó a la casa de los Licari para ejecutar el procedimiento, y todo quedó documentado en video mediante su cámara corporal.

Durante ese encuentro, Main le comunicó a Kendra que la investigación había concluido y que ella era la autora de los mensajes que habían atormentado a su propia hija y al novio de esta desde hacía más de dos años. Al principio negó todo categóricamente, pero ante la evidencia irrefutable terminó confesando. Admitió haber creado múltiples cuentas falsas y haber usado diversas herramientas tecnológicas para ejecutar el acoso sistemático.

Tras su detención, Kendra enfrentó cargos por acosar a dos menores de edad, uso indebido de equipos informáticos, obstrucción a la justicia y conspiración. Finalmente se declaró culpable únicamente de los delitos relacionados con el acoso.

En abril de 2023, un tribunal le impuso una sentencia de 19 meses de prisión por el acoso a Owen y cinco años por lo que hizo a Lauryn. Además, perdió la custodia de su hija y fue destituida de su puesto como entrenadora en la escuela.

Las secuelas de una traición imperdonable

El impacto en la familia fue devastador. Shawn Licari, padre de Lauryn, obtuvo la custodia exclusiva de su hija y se separó definitivamente de Kendra. La adolescente tuvo que procesar no solo el acoso que sufrió, sino la traición más profunda: descubrir que quien debía protegerla era su torturadora.

Cuando se le preguntó por sus motivaciones, Kendra alegó que sus acciones estaban relacionadas con traumas no resueltos de su juventud, incluyendo un episodio de abuso sexual, y con una necesidad obsesiva de controlar la vida de su hija. Expertos en psicología que analizaron el caso lo compararon con una versión digital del síndrome de Munchausen por poder, una condición en la que un adulto provoca daño o sufrimiento en un menor para mantenerlo dependiente y cerca de él.

Kendra cumplió su condena y fue liberada el 8 de agosto de 2024 bajo un régimen de libertad condicional que le prohíbe salir de Michigan y acercarse a Lauryn. Tras recuperar su libertad, declaró sentirse «profundamente decepcionada» de sí misma y expresó su deseo de «reparar el daño causado».

Sin embargo, para Lauryn la herida es demasiado profunda. La joven, quien ahora tiene 17 años, ha dicho públicamente que no está segura de poder volver a confiar en su madre. Actualmente intenta reconstruir su vida y ha expresado su deseo de estudiar criminología. Mantiene una relación muy cercana con su padre, quien ha sido su principal apoyo durante todo este proceso.

La historia fue documentada en un especial de Netflix titulado «Unknown Number: The High School Catfish«, donde se reconstruye minuciosamente la investigación y se muestra cómo fue desenmascarada la culpable. El caso sigue generando debates sobre los peligros del acoso cibernético, la importancia de la salud mental y hasta dónde puede llegar la manipulación psicológica, incluso dentro del núcleo familiar.

Articulos de su interés
- Publicidad -

Lo Más Leido

- Publicidad -

Lo Más Reciente