Horas después de confirmarse lo que muchos temían —la eliminación de Costa Rica del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026—, la Federación Costarricense de Fútbol (FCRF) decidió pronunciarse casi a la medianoche con un comunicado que dejó más preguntas que respuestas. Aunque no anunciaron la salida de Miguel “Piojo” Herrera, en el ambiente futbolero se respira que su continuidad es insostenible.
La caída de la Tricolor en esta eliminatoria, marcada por un rendimiento discreto y un estadio cada vez más impaciente, encendió el descontento de la afición desde aquel tropiezo ante Haití en el Nacional. La presión creció partido a partido y explotó tras la derrota ante Honduras, resultado que terminó de sepultar las aspiraciones mundialistas.
Un mea culpa tardío… pero inevitable
En el escrito difundido por la FCRF, se reconoce con pesar que el objetivo principal —clasificar al Mundial— no se alcanzó. La Federación admite sentirse golpeada por el desenlace y asegura que comparte el dolor que hoy embarga a jugadores, cuerpo técnico y una afición que nunca dejó de creer, pese a las dudas acumuladas.
La organización agradeció el respaldo de los aficionados y recalcó que la eliminación “no corresponde a las aspiraciones del país” ni al esfuerzo de quienes participaron en el proceso. Sin embargo, evadió mencionar directamente la continuidad del técnico mexicano, uno de los puntos más sensibles del debate nacional.
Un análisis profundo que llega tarde, pero que podría marcar una nueva ruta
La Fedefútbol anunció la activación inmediata de un proceso interno de revisión que abarcará todos los frentes: lo deportivo, lo estructural y lo operativo. Según el comunicado, la idea es rediseñar el modelo de selecciones nacionales, reforzar la detección de talento y construir una planificación más sólida para los próximos ciclos.
Este reconocimiento apunta a una realidad que desde hace años se discute en Costa Rica: la estructura del fútbol nacional necesita ajustes profundos. La falta de renovación generacional, las decisiones técnicas cuestionadas y los problemas para consolidar una identidad de juego han dejado al descubierto un modelo debilitado.
Entre el golpe y la oportunidad
La Federación considera que este fracaso, por doloroso que sea, es “una oportunidad para reconfigurar nuestro fútbol de manera sostenible”. El mensaje intenta transmitir un aire de resiliencia, aunque también deja claro que el golpe llega no solo al orgullo, sino al bolsillo del país, que perderá millones por no participar en la cita mundialista.
El comunicado cierra con una promesa: no habrá excusas, y desde ya buscarán soluciones. Piden al país levantarse junto a la Sele y apoyar un proceso de reconstrucción que luce indispensable si Costa Rica quiere competir con fuerza en los próximos años.


