«Invertí ₡100 millones, los ahorros de mi carrera»: La promesa del 5% mensual que sedujo a más de 20 futbolistas y terminó en una pesadilla investigada en Pavas.
Una pesadilla financiera de $10 millones está arrasando la Primera División. Al menos 20 futbolistas activos y retirados, junto a un centenar de inversionistas, han sido víctimas de una de las estafas más devastadoras vinculadas al deporte nacional. La promesa: ganancias «seguras» del 5% mensual. La realidad: un colapso total, ahorros de toda una vida perdidos y un drama humano que incluye la venta de la casa de una madre.
El esquema, disfrazado bajo el nombre de Soluciones Automotrices Rivera, fue presuntamente liderado por José Gabriel Vargas, Steven Aguilar y un exjugador de apellido García. La Fiscalía de Pavas ya investiga el caso por estafa bajo el expediente 24-000766-0283-PE.
El «camerino»: El cebo perfecto para la confianza
El esquema no se vendió en frío; creció desde adentro. La presencia de Vargas, quien militó en el Cartaginés, y un exjugador de apellido García, sirvió como el gancho perfecto. La estafa se propagó de jugador en jugador, aprovechando la confianza del camerino.
El negocio era, en apariencia, infalible: invertir en la importación de autos usados y repuestos desde Estados Unidos para su reventa en Costa Rica. La promesa era una rentabilidad imposible en el sistema financiero formal: un 5% de interés mensual.
Quien invertía ₡10 millones, recibía ₡500.000 cada mes. Si invertía ₡25 millones, el pago era de casi millón y medio. Al principio, los pagos fueron puntuales. «Yo invertí ₡25 millones y recibía casi millón y medio de intereses. Todo parecía en orden», relató uno de los jugadores brumosos que aún milita en el Cartaginés, a la página Pasión Azul.
La trampa de «social proof» funcionó a la perfección: un jugador veía a su compañero recibir el dinero, confiaba, invertía, y traía a otro.
«Los ahorros de toda su carrera»: El costo humano
El colapso, que inició a mediados de 2023, ha dejado historias desgarradoras. La confianza ciega en los líderes del esquema llevó a algunos a tomar decisiones financieras catastróficas.
Según testimonios, un excompañero invirtió más de ₡100 millones, «los ahorros de toda su carrera», y tras el colapso, quedó «devastado emocionalmente».
Pero el caso que refleja la magnitud del engaño es el del exjugador Víctor Murillo. Según versiones públicas que rodean el caso, Murillo presuntamente convenció a su propia madre de vender su casa para invertir el dinero en el esquema que prometía multiplicar su patrimonio.
El colapso y el «fantasma» del Cartaginés
Para junio de 2023, los pagos se detuvieron. Los líderes convocaron a los inversionistas alegando un «atraso temporal». Fue el inicio del fin.
Steven Aguilar, hoy investigado por la Fiscalía, cortó toda comunicación. José Gabriel Vargas, quien estudiaba derecho mientras jugaba, adoptó una estrategia diferente: alegó ser una víctima más.
Sin embargo, testigos y afectados señalan que, mientras el resto perdía sus ahorros, Vargas presuntamente cambió de automóvil y mantuvo un estilo de vida ostentoso. En mayo de 2024, Vargas dejó el Cartaginés y desapareció del panorama futbolístico y de las redes sociales.
Para dar apariencia de legalidad, los líderes incluso abrieron talleres mecánicos y mostraban contratos y garantías mobiliarias a los inversionistas.
Una batalla legal de $10 millones
El monto total de la estafa ronda los $10 millones (más de ₡5.100 millones). A pesar de que hay más de 100 afectados, hasta septiembre de 2024, solo tres personas habían presentado la denuncia formal.
El abogado Zudik Hernández Routman, quien representa a varias de las víctimas, confirmó que el caso está en una etapa inicial. Ya se ha solicitado al OIJ investigar los contratos y, crucialmente, rastrear las cuentas bancarias utilizadas para las transferencias.
El abogado también lanzó un dardo al sistema bancario, cuestionando que el Banco de Costa Rica (BCR), aparentemente, no interviniera o generara alertas ante el movimiento inusual y masivo de altas sumas de dinero bajo una sola sociedad.
Para los futbolistas estafados, la mayoría de los cuales ganan altos salarios durante una carrera corta y buscaban asegurar su futuro, la lección ha sido brutal. La esperanza de recuperar el dinero es nula. «Ya me resigné. En mi caso, sé que ese dinero se perdió», confesó uno de ellos a La Nación.


