EE. UU. intensifica su ofensiva marítima: nuevo ataque frente a Venezuela deja tres muertos y crecen las críticas internacionales
El Pentágono confirmó un nuevo ataque contra una lancha rápida presuntamente dedicada al narcotráfico en el mar Caribe, frente a las costas de Venezuela. El operativo, llevado a cabo por fuerzas estadounidenses, dejó tres personas muertas y elevó a 70 el número total de fallecidos desde que comenzó la campaña en septiembre.
El secretario del Pentágono, Pete Hegseth, publicó en la red social X imágenes aéreas del ataque, asegurando que el objetivo era “una embarcación operada por una Organización Terrorista Designada”. Según Hegseth, los tres ocupantes fallecidos eran “narcoterroristas”, aunque no ofreció mayores detalles sobre sus identidades ni sobre el país de origen de la lancha.
La operación, ejecutada en aguas internacionales, forma parte de una ofensiva que comenzó como un esfuerzo antinarcóticos, pero que en los últimos meses ha tomado un tono cada vez más militarizado. Expertos en derecho internacional y seguridad marítima advierten que las tácticas empleadas por Estados Unidos podrían ser consideradas “ejecuciones extrajudiciales”, especialmente si los ataques se realizan sin previo intento de captura o sin pruebas concluyentes sobre las actividades ilícitas de las embarcaciones.
Washington eleva la presión sobre el régimen de Maduro
Estos ataques se dan en medio de una creciente presión diplomática, económica y militar de Washington sobre Caracas. La administración estadounidense mantiene una postura firme contra el presidente Nicolás Maduro, a quien acusa de liderar un Estado vinculado al narcotráfico.
El gobierno norteamericano ha ofrecido hasta 50 millones de dólares por información que permita la captura de Maduro, y ha reforzado su presencia militar en el Caribe con barcos de guerra, aeronaves furtivas F-35 desplegadas en Puerto Rico y sobrevuelos estratégicos cerca de las costas venezolanas.
Analistas consultados por medios internacionales coinciden en que estas maniobras buscan aislar al régimen chavista y aumentar la presión interna y externa sobre su estructura de poder. No obstante, también advierten que este tipo de acciones podrían incrementar el riesgo de un enfrentamiento armado indirecto en una región históricamente volátil.
La narrativa de “conflicto armado” bajo la administración Trump
El actual gobierno estadounidense, encabezado por Donald Trump, ha justificado esta ofensiva bajo una figura legal controversial: la del “conflicto armado” contra los cárteles de la droga latinoamericanos. Bajo esta interpretación, los narcotraficantes son considerados “combatientes ilícitos” (unlawful combatants) y, por tanto, objetivos legítimos de ataques militares, incluso fuera del territorio estadounidense.
Esta doctrina, sin embargo, ha sido duramente cuestionada. Organismos internacionales y juristas especializados en derecho humanitario argumentan que la aplicación de normas de guerra en operativos antidrogas viola principios básicos del derecho internacional, especialmente si las acciones se realizan sin autorización del país afectado o sin una amenaza directa comprobada contra Estados Unidos.
“El uso de fuerza letal contra embarcaciones sospechosas, sin un proceso judicial o sin confirmar que representen un peligro inminente, podría constituir una violación del derecho internacional”, señaló un experto en seguridad regional consultado por la prensa europea.
Una ofensiva con implicaciones regionales
Con este nuevo ataque, Washington deja claro que su estrategia en el Caribe no se limitará a la cooperación antidrogas tradicional, sino que apunta a una política de contención militar con efectos políticos directos sobre Venezuela y los aliados del chavismo en la región.
En el contexto actual, el Caribe vuelve a convertirse en un tablero geopolítico clave, donde la lucha contra el narcotráfico se entrelaza con la presión diplomática y la competencia de influencias. Lo que empezó como una operación de interdicción marítima ahora se perfila como una campaña de poderío militar que podría redefinir las relaciones entre Washington y América Latina.
Y mientras Estados Unidos insiste en que sus acciones buscan frenar el tráfico de drogas, las voces críticas advierten que la línea entre la seguridad y la provocación se está volviendo peligrosamente difusa.


