Estados Unidos volvió a poner a Venezuela en el centro de sus denuncias por narcotráfico. En la más reciente Determinación Presidencial, Washington calificó al gobierno de Nicolás Maduro como “una de las redes de tráfico de cocaína más grandes del mundo” y advirtió que continuará buscando llevar al mandatario y a sus colaboradores ante la justicia internacional.
El documento, publicado este mes, insiste en que Venezuela es pieza clave del crimen organizado transnacional y menciona específicamente al grupo criminal Tren de Aragua, al que clasifica como una “organización terrorista extranjera” que Estados Unidos pretende erradicar de su territorio.
La resolución también incluye a otros países —como Colombia, Bolivia, México, Perú, Afganistán y China— en una lista de naciones “descertificadas” en la lucha contra el narcotráfico, señalando que no cumplen con los compromisos internacionales en esa materia.
La reacción de Maduro: “Defensa y diplomacia”
Ante estos señalamientos, Nicolás Maduro convocó a medios internacionales en Caracas y aseguró que su país está siendo víctima de una agresión “judicial, política, diplomática y militar” por parte de Washington.
“Venezuela ejerce el legítimo derecho a la defensa y lo ejercemos plenamente”, dijo el mandatario, quien agregó que aunque confía en la diplomacia y en mantener canales de comunicación abiertos, su gobierno no descarta pasar a la “lucha armada” en caso de una invasión.
De acuerdo con el presidente venezolano, actualmente se encuentran desplegados 2,5 millones de militares y milicianos como parte de un plan de defensa territorial que, según él, busca garantizar la “paz y la soberanía” del país.
Acusaciones cruzadas
Mientras Washington insiste en que su ofensiva en el Caribe responde a la necesidad de frenar el narcotráfico, Caracas interpreta la acción como un intento de “cambio de régimen”. Maduro aseguró que detrás de estas presiones está el interés estadounidense por “apoderarse del petróleo y de las riquezas naturales” de Venezuela, país con las mayores reservas probadas de crudo en el mundo.
El líder chavista vinculó estas maniobras con una estrategia más amplia contra la OPEP+, alianza de la que Venezuela forma parte junto con Rusia, Arabia Saudita y otras naciones productoras. Según Maduro, Estados Unidos pretende controlar los recursos energéticos globales “para torcerle el brazo a todos los países que no se alineen con su política exterior”.
Un conflicto sin resolución cercana
Las tensiones entre ambos países no son nuevas. Desde 2005, Venezuela ha sido señalada por Washington como un Estado que “no coopera de manera sustancial” en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, bajo la administración de Donald Trump y ahora con Joe Biden, las acusaciones se han endurecido con mayor énfasis en el vínculo entre el chavismo y el crimen organizado internacional.
La escalada actual coloca de nuevo a la región en un escenario de confrontación diplomática y militar. Mientras EE. UU. refuerza sus alianzas en el Caribe y mantiene sanciones económicas contra Caracas, Maduro responde con advertencias de resistencia armada, lo que incrementa la incertidumbre sobre la estabilidad política y la seguridad regional.


