Hace treinta años, una película sobre juguetes que cobraban vida revolucionó la industria del cine y marcó a generaciones enteras. Toy Story, estrenada en 1995 en Estados Unidos, no solo inauguró una de las sagas más queridas del cine animado, sino que también abrió el camino para un nuevo tipo de animación digital que cambió la forma en que vemos películas hasta hoy.
En Costa Rica, como en el resto del mundo, el filme se convirtió en un fenómeno cultural. Los niños de los noventa crecieron viendo a Woody y Buzz Lightyear en VHS o DVD, pero muchos nunca tuvieron la oportunidad de disfrutarla en una sala de cine. Esa deuda se empieza a saldar con su reestreno en cines de varios países, un gesto que conecta a los adultos de hoy con su infancia y a las nuevas generaciones con un clásico que aún sorprende.
Una película que casi no llega a existir
Aunque hoy resulta difícil de creer, Toy Story estuvo a punto de no ver la luz. Pixar, que en aquel momento era una pequeña empresa independiente liderada por John Lasseter y respaldada por Steve Jobs, enfrentó serias dudas de Disney sobre el guion y el enfoque de los personajes. En una primera versión, Woody era más un villano que un líder simpático, y el proyecto casi fue cancelado tras una proyección desastrosa que los propios animadores recuerdan como “el viernes negro”.
Con un guion reescrito a contrarreloj y nuevas incorporaciones como Bo Peep y Rex, la historia tomó forma. El resultado fue tan sólido que terminó recaudando casi 400 millones de dólares en todo el mundo, a pesar de haber costado apenas 30 millones en producción.
Los secretos detrás del éxito
La producción de Toy Story estuvo llena de curiosidades. Por ejemplo, al inicio no iba a ser un largometraje, sino un mediometraje derivado del corto Tin Toy. Además, Disney quería convertirla en un musical al estilo de La Bella y la Bestia o Aladdín, algo que Pixar logró negociar para que quedara en un formato distinto, con canciones, sí, pero sin personajes cantando.
Las voces también fueron tema de debate: se pensó en Paul Newman y Jim Carrey para los papeles principales, pero al final fueron Tom Hanks (Woody) y Tim Allen (Buzz) quienes inmortalizaron a los personajes.
Un legado que sigue creciendo
Treinta años después, la saga sigue viva. La cuarta entrega, estrenada en 2019, se convirtió en la película más vista en la historia reciente de Argentina y una de las más taquilleras a nivel mundial. Y ya hay fecha confirmada para la quinta entrega: junio de 2026, dirigida por Andrew Stanton (WALL-E, Buscando a Nemo), que promete traer de vuelta a personajes icónicos como Woody, Buzz y Forky.
Para el público costarricense, este reencuentro con Toy Story tiene un valor especial: es la oportunidad de revivir en la pantalla grande una historia que muchos conocieron en televisión o en copias desgastadas de VHS. Más que una simple película infantil, Toy Story representa el inicio de una era en la que la animación por computadora dejó de ser un experimento para convertirse en un lenguaje universal del cine.
En tiempos en los que la nostalgia mueve multitudes, volver a escuchar “¡Al infinito y más allá!” en una sala oscura es, más que un viaje al pasado, un recordatorio de que hay historias que no envejecen.


