Lo que debía ser un día de alegría terminó en tragedia en Reino Unido. Ryan-Liam Morgan, un adolescente de 14 años, falleció en un accidente de tránsito cuando viajaba hacia la casa de su madre, con quien la Justicia había ordenado que se reencontrara luego de cinco años de distanciamiento.
El joven iba en un vehículo conducido por su padre, Daniel Burba, de 32 años, quien perdió el control al desvanecerse al volante. Las autoridades confirmaron después que el hombre había consumido cocaína, no tenía licencia de conducir y tampoco contaba con seguro.
Una historia marcada por disputas y aislamiento
La madre de Ryan, Kim Morgan, se separó de Burba cuando el niño tenía apenas cuatro años. Aunque al inicio él mantenía contacto frecuente con el menor, en 2020 la situación cambió drásticamente. El inicio de la pandemia de Covid-19, sumado a conflictos familiares, derivó en que Burba retuviera al muchacho e impidiera la comunicación con su madre.
Tras años de batallas legales, Kim logró que un juez ordenara la revinculación inmediata. Fue precisamente en ese trayecto hacia el ansiado reencuentro que ocurrió el siniestro.
El último intento de Ryan
El 20 de abril pasado, Burba sufrió un ataque de epilepsia mientras conducía. Testigos indicaron que Ryan habría intentado controlar el volante para evitar el impacto, pero el esfuerzo fue en vano. El choque fue tan violento que el adolescente murió en el acto.
Su madre relató al diario The Sun el dolor que la persigue: “Daniel estaba drogado, sin licencia y sin seguro, llevando a mi hijo por una autopista. Ryan debió sentir un miedo terrible mientras trataba de salvarlos. Su último acto todavía me atormenta”.
Campaña por la “Ley de Ryan”
Desde la tragedia, Kim inició una cruzada para que casos similares no se repitan. Impulsa la llamada “Ley de Ryan”, una propuesta legal que busca impedir que conductores que causen muertes bajo los efectos de drogas o alcohol puedan volver a manejar de por vida.
“Sé que nada me devolverá a mi hijo, pero quiero que su historia sirva para salvar otras vidas”, expresó la madre.
Un caso que abre debate
El accidente de Ryan no solo ha generado conmoción en la comunidad local, sino que también ha abierto un debate sobre la necesidad de endurecer sanciones contra quienes conducen bajo el efecto de sustancias. En Costa Rica, por ejemplo, la Ley de Tránsito contempla cárcel para casos de conducción temeraria con alcohol o drogas, pero aún se discute si estas sanciones resultan suficientes para disuadir conductas de alto riesgo.
La historia de Ryan pone en evidencia cómo la combinación de irresponsabilidad, consumo de drogas y vacíos legales puede destruir familias enteras.


