miércoles, 3 junio 2026
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La fé frente a la guerra: cristianos en Gaza se niegan a dejar los templos pese a las órdenes de Israel

En medio del fuego cruzado y de una ofensiva militar que no da tregua, un pequeño grupo cristiano en Gaza ha decidido resistir donde siempre lo ha hecho: en sus iglesias. Para ellos, salir de los templos equivaldría a renunciar no solo a un espacio de refugio, sino también a su identidad y a siglos de historia que los vinculan con la tierra que consideran sagrada.

La Iglesia Ortodoxa Griega de San Porfirio, ubicada en la Ciudad de Gaza, es el epicentro de esa resistencia. Este templo, uno de los más antiguos en uso en todo Medio Oriente, se convirtió en símbolo del dolor y la perseverancia cristiana tras el ataque aéreo israelí del 20 de octubre de 2023 que provocó la muerte de al menos 16 personas, entre ellas niños y mujeres refugiados en su interior.

Uno de los más golpeados por aquella tragedia es Ramez Al-Souri, quien perdió a doce miembros de su familia, incluidos tres de sus hijos. Aun así, afirma que no se irá: “Estamos aquí entre familiares y amigos. La iglesia fue atacada, pero seguimos unidos. Si nos toca morir, será en la casa del Señor”, declaró al programa radial Middle East Diaries.

Una decisión colectiva

El Patriarcado Ortodoxo Griego y el Patriarcado Latino de Jerusalén hicieron pública su posición esta semana: los cristianos de Gaza no deben abandonar sus iglesias. Los líderes religiosos aseguran que huir hacia el sur, como pide Israel, sería “una sentencia de muerte” y un paso más en lo que denominan un plan para despoblar la tierra palestina.

El padre Issa Musleh, portavoz del Patriarcado, lo resumió con contundencia: “Nuestra resistencia es cuidar del pueblo palestino, sean cristianos o musulmanes. Los templos albergan a desplazados, ancianos y personas con discapacidad. Abandonarlos sería inhumano”.

Iglesias convertidas en refugios

Hoy, las iglesias en Gaza cumplen un doble papel: templos de oración y centros de refugio para cientos de familias que lo perdieron todo. Entre ellas hay madres solas, adultos mayores y niños con discapacidad que, según líderes comunitarios, no tienen cómo desplazarse ni a dónde ir.

Elias Al-Jilda, miembro del Consejo de Representantes de la Iglesia Ortodoxa Árabe, lo explica así: “La realidad es que quedarse no es una elección romántica, es una necesidad. Si nos vamos, estas personas se quedan solas, y eso sería condenarlas a la muerte”.

Más allá de la fe

El conflicto en Gaza ha desplazado a más de un millón de personas, pero los cristianos —una minoría en la Franja— ven en su permanencia una forma de defender no solo su derecho a existir, sino también la herencia cultural de siglos. El padre Abdullah July advierte que, si desaparecen los cristianos en Tierra Santa, “las iglesias y monasterios se convertirán en museos vacíos, reliquias de un pueblo arrancado de su tierra”.

Un mensaje al mundo

La firmeza de esta comunidad no es únicamente espiritual. Es también política y cultural: quedarse en Gaza es, para ellos, una forma de resistencia contra el desarraigo. Como dijo Al-Jilda: “No escogemos entre vida o muerte, sino entre la muerte y la muerte. Y si llega ese día, que nos encuentre dentro de la iglesia”.

En un escenario donde las órdenes militares y los bombardeos parecen arrasar con todo, la decisión de los cristianos de Gaza recuerda que, incluso en medio de la devastación, la fe y la identidad pueden ser un muro más difícil de derribar que cualquier construcción de piedra.

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