La violencia del crimen organizado en México volvió a golpear al mundo de la música regional. Ernesto Barajas, vocalista del grupo Enigma Norteño, fue asesinado a balazos este martes en el municipio de Zapopan, Jalisco, una zona que en los últimos años ha estado marcada por la disputa de cárteles.
De acuerdo con la Fiscalía de Jalisco, el ataque se dio cuando dos hombres a bordo de una motocicleta interceptaron al artista y le dispararon en repetidas ocasiones. La investigación continúa abierta para determinar si se trató de un ajuste de cuentas, aunque Barajas ya habría recibido amenazas previas del crimen organizado.
Un género perseguido por la violencia
Barajas, originario de Culiacán, Sinaloa, era una de las voces más reconocidas de Enigma Norteño, agrupación nacida en 2004 y con más de 4 millones de oyentes mensuales en Spotify. Su estilo estaba estrechamente vinculado al auge de los llamados “narcocorridos”, canciones que relatan y, en muchos casos, exaltan la vida de figuras ligadas a los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.
La muerte del cantante se produce apenas tres meses después de otro golpe al gremio musical: en mayo, cinco integrantes del grupo Fugitivo fueron encontrados sin vida en Reynosa, Tamaulipas, tras haber sido privados de libertad.
Debate cultural y nuevas restricciones
Los homicidios contra intérpretes de música regional mexicana se dan en medio de un creciente debate social. En varios estados del país, las autoridades han impulsado restricciones contra los narcocorridos, al considerar que glorifican la violencia y promueven la cultura del crimen.
De hecho, esta misma semana, el gobierno de Querétaro anunció que prohibirá la interpretación y reproducción de canciones con apología al delito en espacios públicos y centros de entretenimiento privados.
Un reflejo del México actual
La tragedia de Ernesto Barajas no solo enluta al mundo de la música, sino que también se convierte en un recordatorio del riesgo que enfrentan artistas inmersos en un género profundamente vinculado a la narcocultura. Enigma Norteño, con su éxito en plataformas digitales, había logrado trascender fronteras, pero el crimen organizado terminó marcando el destino de uno de sus miembros más representativos.
La escena musical mexicana vive un momento de contradicción: mientras el público sigue consumiendo corridos y cumbias a gran escala, la violencia alrededor de sus intérpretes evidencia que la frontera entre la cultura popular y el poder del narcotráfico sigue siendo cada vez más difusa.


