Pakistán enfrenta una de las temporadas de monzones más devastadoras de los últimos años, que ha cobrado la vida de al menos 657 personas, incluyendo un centenar de niños, y ha dejado a 888 heridos desde finales de junio.
La provincia montañosa de Khyber-Pakhtunkhwa, fronteriza con Afganistán, fue la más afectada, con 307 fallecidos en solo 48 horas durante lluvias torrenciales que provocaron deslizamientos de tierra, crecidas repentinas y derrumbes de viviendas.
Los rescatistas, más de 2.000 desplegados, enfrentan dificultades debido a carreteras bloqueadas y el terreno accidentado, lo que obliga a desplazamientos a pie. Muchos sobrevivientes rehúsan evacuar al perder familiares enterrados bajo los escombros, explicó Bilal Ahmed Faizi, portavoz de los servicios de emergencia provinciales.
Desastres y pérdidas humanas en otras regiones
Además de Khyber-Pakhtunkhwa, otras zonas del país y la región fronteriza con India han registrado víctimas:
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Cachemira pakistaní: 9 muertos.
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Cachemira administrada por India: 60 muertos y 80 desaparecidos.
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Gilgit-Baltistán: 5 fallecidos; área turística ahora desaconsejada para visitantes.
Un incidente adicional agravó la tragedia: un helicóptero de rescate se estrelló el viernes, causando cinco muertes más.
Factores detrás de la catástrofe
Según las autoridades, más de la mitad de las víctimas murieron por la mala calidad de las construcciones. Además, los fenómenos extremos se ven exacerbados por el cambio climático, que incrementa la frecuencia e intensidad de lluvias, desbordes de ríos y avalanchas en la región.
El Departamento Meteorológico pakistaní emitió alertas de lluvias intensas para el noroeste, instando a la población a tomar medidas de precaución inmediatas. En julio, la provincia de Punyab registró precipitaciones un 73% superiores a las del año anterior, evidenciando la magnitud de la crisis hídrica y climática.


