jueves, 4 junio 2026
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China inicia la construcción del ‘proyecto del siglo’: una megapresa hidroeléctrica capaz de alterar la rotación de la Tierra

China levanta en el Tíbet una presa que podría cambiar la rotación de la Tierra

China ha puesto en marcha una de las obras de ingeniería más ambiciosas de su historia reciente: una colosal presa hidroeléctrica sobre el río Yarlung Tsangpo, en el remoto condado de Medog, Tíbet. El proyecto, bautizado por Pekín como “el proyecto del siglo”, aprovechará un desnivel natural de 2.000 metros para generar electricidad a una escala sin precedentes.

La infraestructura incluirá cinco estaciones hidroeléctricas en cascada, con una capacidad anual estimada de 300.000 millones de kilovatios-hora, el triple de lo que produce actualmente la represa de las Tres Gargantas —la más grande del mundo hasta ahora—. El presupuesto asciende a 1,2 billones de yuanes (unos US$166.000 millones), cifra que la convierte en una de las mayores inversiones civiles registradas.

Energía limpia y geopolítica

Más allá del récord energético, la nueva central busca responder a dos objetivos estratégicos de Pekín: reducir la dependencia de los combustibles fósiles y reforzar su posición como potencia líder en energías renovables. La producción anual de esta presa equivaldría al consumo eléctrico total del Reino Unido durante un año.

Al concentrar semejante capacidad en un punto geográfico único, China no solo abastecerá a millones de hogares e industrias, sino que también incrementará su influencia en el mercado eléctrico global, donde el suministro de energía limpia se ha convertido en un activo geopolítico clave.

Consecuencias planetarias

Pero la magnitud de la obra también abre un debate científico. Organismos como la NASA advierten que el almacenamiento masivo de agua en megapresas puede alterar ligeramente el eje de rotación terrestre. En el caso de las Tres Gargantas, por ejemplo, los cálculos estimaron un desplazamiento del polo terrestre de hasta 2 centímetros debido a la redistribución de masa.

Este fenómeno, aunque no afecta directamente a las estaciones del año, modifica el momento de inercia del planeta y, a muy largo plazo, podría tener implicaciones en los patrones climáticos. “No hablamos de un cambio perceptible para la vida cotidiana, pero sí de un efecto medible a escala geológica”, señalan expertos en dinámica planetaria.

China, mientras tanto, avanza sin pausa. La construcción de esta gigantesca obra en una de las regiones más inhóspitas del planeta plantea un nuevo capítulo en la historia de cómo las grandes infraestructuras pueden no solo transformar economías, sino también influir en la propia mecánica de la Tierra.

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