La reciente aprobación de la reelección presidencial indefinida en El Salvador ha encendido una ola de cuestionamientos en varios países de la región. La medida, impulsada por la administración de Nayib Bukele y avalada por instancias judiciales afines al oficialismo, plantea profundas interrogantes sobre el rumbo democrático en la nación centroamericana.
Una de las voces que alzó su preocupación fue la segunda vicepresidenta de Costa Rica, Mary Munive, quien advirtió sobre los peligros que este tipo de reformas puede representar para los equilibrios institucionales y la salud democrática de los países.
Munive propone diálogo ciudadano ante posibles reformas
Desde la óptica costarricense, Munive sostuvo que toda modificación de fondo en las reglas del juego democrático —como la reelección presidencial— debe ser consultada con la ciudadanía mediante mecanismos amplios y participativos. La jerarca recordó que la Constitución de Costa Rica, vigente desde 1949, contempla límites estrictos al poder y garantiza la alternancia como uno de sus pilares fundamentales.
“Antes de impulsar cambios estructurales, es necesario preguntarle al pueblo. No se puede imponer un nuevo modelo sin escuchar la voluntad popular”, declaró Munive, señalando que cualquier debate sobre reformas constitucionales debe desarrollarse con transparencia, apertura y respeto al marco legal.
Comparaciones regionales: Nicaragua y Venezuela como ejemplos de advertencia
En su intervención, la vicepresidenta Munive hizo referencia a los casos de Nicaragua y Venezuela, países donde —según analistas y organismos internacionales— la reelección indefinida ha derivado en concentración de poder, debilitamiento institucional y reducción del espacio democrático.
La funcionaria subrayó que el contexto salvadoreño debe observarse con detenimiento para evitar que Centroamérica repita patrones autoritarios que han afectado a otros pueblos de la región.


