En un contexto económico cada vez más desafiante, una alarmante mayoría de los costarricenses carece de reservas económicas para enfrentar situaciones imprevistas. Así lo revela un reciente estudio de Capacidades Financieras, el cual destaca que el 55 % de la población no logró ahorrar en el 2024, lo que deja a miles de hogares vulnerables ante emergencias médicas, desempleo u otros eventos inesperados.
¿Por qué no se ahorra? Entre el costo de vida y el consumo impulsivo
Los datos del informe indican que el alto costo de vida es el principal obstáculo para el ahorro. El aumento en precios de productos básicos, servicios y alquileres ha reducido considerablemente la capacidad de los ciudadanos para destinar parte de sus ingresos al ahorro.
No obstante, otro segmento de la población reconoció que la falta de disciplina financiera también juega un rol clave. Algunas personas admitieron que gastaron su dinero en compras innecesarias o artículos que no eran prioritarios, lo que refleja una debilidad en la planificación económica del hogar.
La falta de ahorro expone a los hogares ante emergencias
Expertos en educación financiera advierten que no contar con un fondo de emergencia puede tener consecuencias graves. Una visita al hospital, la pérdida del empleo o una reparación urgente en el hogar pueden convertirse en deudas de alto impacto si no existe un respaldo económico.
Además, la falta de ahorros fomenta la dependencia del crédito, lo cual puede derivar en sobreendeudamiento, especialmente cuando se recurre a tarjetas con tasas de interés elevadas.
Educación financiera: un pilar urgente para revertir la tendencia
Frente a esta realidad, diversos organismos públicos y privados insisten en la necesidad de fortalecer la educación financiera en Costa Rica, especialmente desde edades tempranas. La planificación de gastos, la elaboración de presupuestos y la fijación de metas de ahorro son herramientas clave para mejorar la salud económica de los hogares.
Iniciativas como talleres comunitarios, plataformas digitales educativas y campañas de concientización son algunas de las estrategias que se están impulsando para fomentar una cultura del ahorro sostenible.


