Lo que parecía una desaparición sin pistas se convirtió en uno de los crímenes más escalofriantes registrados en Brasil en los últimos meses. Glaubenia Serpa Costa, médica endocrinóloga de 53 años, fue hallada sin vida por las autoridades este lunes, luego de estar desaparecida desde julio del 2023. Su cuerpo fue encontrado enterrado en el patio de su propia casa, en la localidad de Río das Ostras, cerca de Río de Janeiro.
Detrás del asesinato está Emanuel Pereira, un hombre que trabajaba para la doctora y que terminó confesando haberla matado tras una acalorada discusión. La raíz del conflicto, según los informes policiales, habría sido una acusación de robo que ella le lanzó y una amenaza de denunciarlo. Esa confrontación terminó en tragedia: Pereira la atacó con un arma blanca y luego la enterró en la propiedad.

Pero el crimen no terminó ahí. Lo más perturbador fue lo que vino después. Durante siete largos meses, el asesino mantuvo viva la ilusión de que Glaubenia seguía con vida. Usó sus cuentas de redes sociales para publicar mensajes, responder chats y hasta simular que estaba atravesando una crisis emocional. En diciembre, posteó un inquietante mensaje:
“Solo quiero paz”, intentando justificar el silencio de la víctima con una supuesta depresión.
Fue hasta enero que un amigo de Glaubenia, residente en São Paulo, notó algo extraño y presentó una denuncia formal. El hecho de que ella no tuviera familiares ni amistades cercanas en su lugar de residencia facilitó la macabra maniobra de Pereira y retrasó la investigación.
Las autoridades brasileñas confirmaron que el caso se investiga como femicidio y ocultamiento de cadáver. La Policía Civil de Río de Janeiro también busca esclarecer si la esposa del sospechoso y otras personas cercanas podrían haber colaborado o, al menos, tenido conocimiento del crimen.
Este hecho ha conmocionado a la sociedad brasileña y ha despertado nuevamente el debate sobre la violencia contra las mujeres, el abandono institucional y la facilidad con la que un feminicidio puede camuflarse bajo la apariencia de una simple desaparición cuando las víctimas están solas o socialmente aisladas.


