El pasado lunes 10 de febrero de 2025, una escalofriante llamada al 911 desde la localidad de Byron, en el estado de Wyoming (Estados Unidos), desencadenó uno de los episodios más estremecedores del año. Tranyelle Harshman, de 32 años, contactó a emergencias para informar que había disparado contra sus cuatro hijas. Luego, sin esperar a la llegada de las autoridades, anunció que se quitaría la vida.
La llamada fue breve pero angustiante. Según el informe del Departamento del Sheriff del Condado de Big Horn, la mujer detalló que dos de las niñas se encontraban en el segundo piso y las otras dos en una habitación en la planta baja. También reveló que tenía la intención de suicidarse y que se hallaría en el último nivel de la vivienda. Aunque el operador intentó retenerla en la línea, Tranyelle repitió que “era demasiado tarde” y cortó la llamada.
La escena del crimen: horror en un hogar aparentemente común
Aproximadamente a la 1:30 p.m., la Policía ingresó a la residencia ubicada en la calle East Shoshone y descubrió un escenario devastador. Dos de las niñas, una de 9 años y una de 2, fueron halladas sin signos vitales, ambas con heridas de bala en la cabeza. Las otras dos, de 7 y 2 años, aún con vida, fueron trasladadas de inmediato a un hospital en Salt Lake City.
En el último piso, también con una herida de bala, estaba la madre, aún respirando. Fue ingresada al mismo centro médico, donde falleció al día siguiente, martes 11 de febrero, a causa de la gravedad del disparo.
El testimonio del esposo: «Ella no era un monstruo»
Tras el suceso, Cliff Harshman, esposo de Tranyelle y padre biológico de las hijas menores, rompió el silencio. En entrevista con Cowboy State Daily, compartió detalles sobre el estado emocional de su pareja y aseguró que la tragedia fue consecuencia de un deterioro profundo de salud mental.
Según Cliff, Tranyelle sufría de depresión posparto, depresión clínica y trastorno de estrés postraumático. Afirmó que su condición se vio agravada por el uso de medicamentos que, lejos de ayudar, intensificaron el desequilibrio químico en su cerebro.
“La mayoría de la gente no entiende cómo estas condiciones afectan el cerebro. Es un desequilibrio químico severo”, señaló. “No era un monstruo, era una mujer que necesitaba ayuda”.


