miércoles, 3 junio 2026
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Una boda soñada y un asesino serial invitado: el DJ cortó la música por una niña perdida y todo fue tragedia

La tragedia de Maëlys: el crimen que desnudó a un depredador en una boda francesa

Lo que comenzó como una celebración alegre en un rincón pintoresco del este de Francia se transformó en una pesadilla que marcaría para siempre a una familia, una comunidad y, eventualmente, a toda una nación. La desaparición de Maëlys De Araujo, una niña de apenas ocho años, durante una fiesta de bodas, no solo conmovió a Francia, sino que también reveló el oscuro perfil de un asesino en serie oculto bajo la apariencia de un vecino más.

La noche del 26 de agosto de 2017 parecía perfecta para una boda. En Pont-de-Beauvoisin, una localidad tranquila cerca de los Alpes franceses, los invitados disfrutaban del banquete y del baile cuando, pasadas las dos de la madrugada, el DJ detuvo la música para hacer un anuncio inquietante: “¿Alguien ha visto a Maëlys?”. Nadie lo sabía aún, pero aquella interrupción marcaría el inicio de una búsqueda angustiosa y el destape de un crimen brutal.

Un rostro familiar, una presencia incómoda

Nordahl Lelandais, exmilitar y adiestrador de perros, no figuraba en la lista original de invitados. Había sido incluido casi por cortesía, por conocer desde joven al novio. Aunque su presencia no generó sospechas en ese momento, con el paso de las horas algunos comenzaron a notar detalles extraños: su insistencia en mostrarse amigable con los niños, especialmente con Maëlys, con quien fue visto compartiendo fotos de perros desde su celular.

Poco después de que la niña fue reportada como desaparecida, su madre, Jennifer De Araujo, recordó haber cruzado a Lelandais en el estacionamiento. Le preguntó directamente por su hija, pero la frialdad de su respuesta le dejó una sensación que más tarde describiría como “una intuición maternal desgarradora”.

Las cámaras no mienten

Cinco días más tarde, las autoridades pusieron los ojos sobre Lelandais. Una revisión de las cámaras de seguridad reveló algo perturbador: su auto circulaba de madrugada hacia la casa de sus padres, y en el asiento del copiloto se apreciaba una pequeña figura vestida de blanco. Cuando regresó, minutos después, el asiento estaba vacío.

El exmilitar intentó justificar el viaje con excusas relacionadas con su ropa manchada de vino y sus actividades ligadas al tráfico de drogas. Pero la evidencia lo fue acorralando, especialmente cuando los forenses encontraron restos de sangre de Maëlys en el maletero del vehículo. Lelandais ya no pudo sostener la mentira: confesó haberla matado.

Un crimen aún sin todas las respuestas

La versión que ofreció fue que Maëlys, interesada en sus perros, quiso acompañarlo hasta su vehículo. Según él, en algún momento la niña habría comenzado a llorar y él reaccionó de forma violenta, golpeándola “sin intención de matarla”. Más tarde, trasladó el cuerpo a un paraje montañoso donde lo ocultó.

Pero los padres de Maëlys y muchos investigadores nunca creyeron en esa versión. La policía halló en su celular videos escalofriantes de abusos sexuales cometidos por Lelandais contra dos niñas pequeñas de su familia, grabados semanas antes del crimen. También se descubrió que otra adolescente, de 14 años, había sido víctima de tocamientos inapropiados por parte del mismo hombre.

Aunque el estado de descomposición del cuerpo impidió confirmar si Maëlys fue víctima de agresión sexual, el patrón de conducta de Lelandais, su historial y su entorno, apuntaban a un depredador con impulsos muy oscuros.

Una condena que no borra el dolor

En febrero de 2022, tras un juicio que duró semanas y en el que incluso se ventiló su participación en otro asesinato —el del joven soldado Arthur Noyer—, Nordahl Lelandais fue condenado a cadena perpetua. También se le impuso tratamiento psiquiátrico obligatorio, aunque los peritos descartaron que sufriera alguna enfermedad mental incapacitante. Lo describieron, más bien, como un manipulador consciente de sus actos, con un perfil claramente perverso.

La familia De Araujo expresó alivio por el fallo, pero también una tristeza irremediable. “Nosotros fuimos condenados de por vida”, dijo Jennifer, la madre, mientras sostenía una foto de su hija.

Un depredador aún bajo la lupa

Tras su condena, Lelandais fue trasladado a la prisión de Ensisheim, conocida por alojar a otros asesinos seriales franceses. Sin embargo, su nombre sigue apareciendo en investigaciones abiertas. Las autoridades francesas han comenzado a revisar varios casos sin resolver en la región, donde su posible implicación es ahora considerada.

Y como si fuera poco, en abril volvió a ser noticia: lo sorprendieron teniendo relaciones sexuales con una mujer visitante en la cárcel, con quien mantenía correspondencia desde hacía meses. Este episodio indignó aún más a la opinión pública, que considera que su encarcelamiento no ha significado un cese total de su peligrosidad.

¿Un crimen evitable?

El caso Maëlys dejó muchas preguntas sin respuesta y una lección dolorosa sobre la fragilidad de la inocencia frente a los monstruos que se ocultan entre la gente común. Francia reformó algunos procedimientos policiales para la búsqueda de menores tras la tragedia, y el nombre de Maëlys se convirtió en un símbolo nacional de justicia para las víctimas infantiles.

Para Costa Rica y otros países donde las bodas comunitarias, las celebraciones abiertas y la confianza entre conocidos son costumbres vivas, el caso deja una advertencia importante: el peligro no siempre viene del desconocido en la sombra, sino del que sonríe en la mesa de al lado.

Como dijo una vez la madre de Maëlys: “Nuestro deseo es que el país no recuerde a su asesino, sino que mantenga viva la memoria de nuestra hija. Que nunca olviden su nombre: Maëlys”.

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