miércoles, 3 junio 2026
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El destripador de China, el asesino serial que mató a 13 mujeres y cayó por la única victima que pudo escapar

El caso del “Destripador de China”: cómo una sobreviviente logró detener a uno de los peores asesinos seriales del país

Por más de cinco años, la ciudad de Guangzhou, al sur de China, vivió bajo el miedo constante a un asesino invisible. Trece mujeres jóvenes, en su mayoría trabajadoras sexuales, fueron encontradas sin vida, con signos de violencia extrema y los cuerpos mutilados. El responsable: Li Wenxiang, un obrero solitario con un resentimiento oculto que lo transformó en uno de los criminales más infames del país.

Este caso, poco conocido fuera de Asia, dejó una huella profunda en la historia criminal de China y fue resuelto gracias al coraje de una mujer que logró escapar con vida.

Un resentimiento que se convirtió en horror

Li Wenxiang nació en 1952 en la provincia de Guangdong. Como muchos en la década de los 80 y 90, migró a Guangzhou buscando un mejor futuro tras las reformas económicas. Trabajos mal remunerados, aislamiento social y una vida sin vínculos personales terminaron moldeando una personalidad introvertida, marcada por el rencor.

Según sus propias declaraciones, el detonante de sus crímenes fue una estafa que sufrió por parte de una trabajadora sexual. A partir de ese episodio, desarrolló un odio dirigido específicamente hacia mujeres en situación de vulnerabilidad. De esa distorsión emocional nació una serie de crímenes tan brutales como meticulosos.

El patrón del terror

El primer asesinato ocurrió en febrero de 1991. La víctima fue una joven de 23 años, a quien Li agredió sexualmente, golpeó y mutiló antes de abandonar su cuerpo en un descampado. Ese crimen marcó el inicio de una cadena de asesinatos con características similares: las mujeres eran abordadas en zonas marginales, llevadas a espacios cerrados y luego asesinadas con violencia extrema.

Entre 1991 y 1996, al menos 13 mujeres murieron a manos de Wenxiang. Los cuerpos aparecían en basurales, patios o al borde de carreteras. Las autoridades, sin pruebas firmes, barajaban múltiples teorías. Algunos pensaban que el asesino había dejado de actuar, otros creían que había muerto o estaba encarcelado por otros delitos.

Durante años, el caso permaneció abierto sin avances. Las pistas eran escasas y el perfil del asesino —un hombre común, sin antecedentes— dificultaba su identificación.

La clave: una mujer que sobrevivió

Todo cambió en noviembre de 1996. Una mujer logró escapar de un ataque brutal por parte de Li y denunció el intento de homicidio ante la policía. Pese al trauma, colaboró con la investigación y, en una rueda de reconocimiento, identificó con firmeza a su agresor.

La policía actuó rápidamente. Al ser detenido, Li Wenxiang confesó los crímenes sin mostrar remordimiento. “Lo hice porque las odiaba. No valían nada”, declaró con frialdad ante los agentes. También reveló detalles escalofriantes sobre cómo seleccionaba a sus víctimas y cómo planeaba cada ataque.

Juicio, condena y ejecución

El juicio comenzó a fines de 1996. La sociedad china, horrorizada por la magnitud de los crímenes, siguió el caso con atención. Li fue acusado de homicidio, agresión sexual y robo. El tribunal lo encontró culpable y fue condenado a muerte. La ejecución se realizó semanas después, sin acceso público a los detalles del procedimiento, como es común en muchos casos judiciales del país.

Un recuerdo que no se borra

Aunque han pasado casi 30 años desde la captura de Li Wenxiang, su caso sigue presente en las listas de los asesinos más temidos de Asia. Lo apodaron “El destripador de Guangzhou”, en referencia a su violencia sistemática y al misterio que rodeó su identidad durante años.

Este episodio no solo dejó una herida en la historia policial china, sino también una lección dura sobre los peligros del abandono institucional hacia las mujeres más vulnerables, así como sobre la importancia de escuchar, atender y proteger a quienes logran sobrevivir al horror.

Gracias a una mujer que no se quedó callada, se cerró uno de los capítulos más oscuros de la historia criminal china.

 

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