La mató su pasado: Patricia Rendón soñaba con un nuevo amor en Europa, pero su ex la asesinó antes de abordar el avión
Patricia Rendón Rodríguez, de 31 años, tenía su maleta lista y el corazón ilusionado. Este martes, tomaría un vuelo rumbo a Buenos Aires, donde iniciaría los trámites para viajar a Italia y reencontrarse con Francesco, su novio italiano. Pero nunca llegó. Su cuerpo fue encontrado enterrado en un yacimiento petrolero, a 60 kilómetros de la ciudad. El acusado: su expareja y padre de su hija, Fernando Cronenbold.
El crimen ha desatado una ola de indignación en Argentina, Bolivia (país natal de Patricia) y también en Europa, donde Francesco Nuvolari, su pareja, la esperaba con los brazos abiertos. “Estoy destrozado. Nadie va a aterrizar en Italia. El pasaje sigue aquí, con su nombre”, expresó el joven desde Pescara, su ciudad en el sur de Italia.
Un amor reciente, interrumpido por los celos
Patricia y Francesco se conocieron por casualidad el 14 de febrero en un hotel en Buenos Aires. Fue un flechazo inmediato. En pocas semanas ya compartían viajes, planes y sueños. Él, estudiante de ciencias políticas, había llegado desde Italia con una beca. Ella, comerciante independiente y madre de una niña de ocho años, viajaba regularmente a la capital argentina para comprar ropa y surtir su tienda en Catriel, Río Negro.
Los meses siguientes fueron de romance y proyectos: reformó su casa, renovó su negocio, compró el boleto para Europa y pidió oficialmente el divorcio de su ex. Pero esa autonomía fue lo que, según Francesco, desató la furia de Cronenbold: “La mató por sentirse inferior. Ella era determinada, valiente, capaz”, dijo con voz quebrada.
Una investigación que falló y un feminicidio que pudo evitarse
Según relató la familia de Patricia, el teléfono de la víctima seguía activo horas después de su desaparición, incluso con publicaciones en redes sociales, pero la policía no actuó con la rapidez debida. “La búsqueda comenzó por testimonios, no rastrearon el celular. Fue negligencia”, denunció Francesco.
Lo más doloroso: Patricia había denunciado por violencia a su expareja en al menos dos ocasiones y contaba con una orden de restricción. Pero, como en tantos otros casos, esa medida no fue suficiente. El martes, el hombre logró ingresar a su casa, la golpeó brutalmente en la cabeza, la mató y luego intentó ocultar el crimen.
La investigación reveló detalles escalofriantes: el cuerpo fue envuelto en papel film y enterrado en un área petrolera. El acusado incluso habría mutilado el dedo pulgar de Patricia para desbloquear su teléfono celular. Dicha crueldad llevó a la Fiscalía a tipificar el caso como femicidio agravado, con una sola pena posible: prisión perpetua.
Un duelo que trasciende fronteras
Francesco sigue desde Italia el desarrollo del caso. Habla con las autoridades, con amigos de Patricia y con la comunidad de Catriel, que se ha volcado a exigir justicia. “Conocí gente hermosa allá. Sé que hicieron todo lo posible por ella cuando desapareció. Pero esto no debió pasar”, afirmó.
El joven espera que la muerte de Patricia impulse un cambio real en el sistema judicial argentino: “Ojalá esta tragedia sirva para fortalecer la justicia. No tiene que haber más Patricias. Ella merecía amor, no violencia. Merezco recordarla viajando, riendo, soñando”.


