lunes, 15 junio 2026
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Llegó a Santa Teresa buscando paz, pero un accidente terminó con su vida

Una comunidad costarricense que llora. Una familia en Argentina que busca consuelo. Y cientos de mensajes que reconstruyen el paso luminoso de una joven que encontró en la costa tica su paraíso.

Maia Esteban, de 29 años y oriunda de Necochea, Argentina, falleció el pasado fin de semana en Santa Teresa, Puntarenas, luego de sufrir un accidente en motocicleta. El siniestro ocurrió durante la madrugada del sábado, luego de haber asistido a una fiesta con amigos. De acuerdo con personas cercanas, la joven perdió el control del vehículo mientras transitaba por una calle en mal estado. A pesar de los esfuerzos médicos en distintos centros hospitalarios, no logró sobrevivir.

Desde su llegada a Costa Rica en 2019, Maia había echado raíces en la comunidad costera de Santa Teresa. La describía como su “paraíso”, un lugar donde se sentía verdaderamente libre. Las redes sociales hoy conservan como cápsulas del tiempo los recuerdos de sus días en la playa, rodeada de naturaleza, amigas, animales y surf. Para quienes la conocieron, ella no solo vivía en Santa Teresa: la iluminaba.

El accidente y la lucha por salvarle la vida

Según relataron allegados, tras el impacto Maia fue trasladada a la clínica de Santa Teresa, luego referida a otro hospital de mayor capacidad y finalmente ingresada a un centro especializado en neurocirugía. Durante el trayecto, permaneció inconsciente pero estable. Fue solo minutos después de su ingreso al último centro médico cuando su corazón dejó de latir.

Uno de los detalles que más ha conmovido a sus amigos y familiares es que tras el accidente, su bolso —que contenía su celular y objetos personales— desapareció. Un llamado en redes sociales busca recuperarlo para poder entregárselo a su familia. La última pista indica que pudo haberse extraviado mientras sus amigos volvían al sitio del accidente.

De Necochea a Santa Teresa: un viaje sin regreso

Maia no llegó a Costa Rica por casualidad. Se enamoró del país desde el primer día. En su cuenta de Instagram, que ahora sirve como testimonio de su forma de vivir, agradecía a diario el privilegio de estar rodeada de naturaleza, libertad, amigas que consideraba hermanas y un estilo de vida que describía como pleno. “Qué privilegio esta libertad”, escribió en el aniversario de su mudanza. “Gracias por llenarme de vida, alegría y felicidad”.

Además de su pasión por los paisajes costarricenses, se destacaba por su amor hacia los animales. Participaba en causas solidarias en defensa de perros en condición de abandono y maltrato. Era, también, una fanática del fútbol argentino, especialmente del club Newell’s Old Boys, del cual era una hincha ferviente.

Un legado de amor y energía

Tras su fallecimiento, las redes sociales se inundaron de homenajes, anécdotas y mensajes profundamente emotivos. Amigos cercanos destacaron su energía inagotable, su risa contagiosa, su capacidad para hacer sentir a todos especiales y su rol como puente entre personas que, de otra forma, nunca se habrían conocido.

“Te vi bailar por el mundo… y el mundo privilegiado te vio bailar a vos”, escribió alguien en un mensaje que se viralizó. Otra persona recordó: “Donde estabas vos, había amor, encuentro, algo lindo”.

La despedida de Maia no ha sido un simple acto de duelo, sino una celebración de vida. Una vida que eligió Costa Rica como su último escenario y que deja un recuerdo imborrable en quienes compartieron con ella algún momento, por breve que fuera.

¿Y ahora qué?

La muerte de Maia vuelve a poner en el centro del debate la necesidad urgente de mejorar la infraestructura vial en zonas costeras como Santa Teresa, especialmente en calles que —según residentes— permanecen en malas condiciones y representan un riesgo para quienes transitan en vehículos livianos como motocicletas y cuatrimotos. La comunidad local, que se ha vuelto un polo de atracción para turistas y residentes extranjeros, enfrenta crecientes desafíos en movilidad, seguridad y atención médica de emergencias.

Mientras tanto, su historia quedará grabada en la memoria de quienes la amaron y en las arenas de Santa Teresa, donde solía caminar, reír, surfear y celebrar la vida como si cada día fuera el último.

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