Brenda Ann Spencer: el ataque escolar que conmocionó a EE. UU. y dio origen a una canción inmortal
Era enero de 1979 y en la comunidad de San Carlos, San Diego, el frío era intenso, pero nada comparado con el escalofrío que dejó una tragedia que marcaría un antes y un después en la historia de los tiroteos escolares en Estados Unidos. Brenda Ann Spencer, una adolescente de apenas 16 años, tomó el rifle semiautomático que su padre le había regalado por Navidad, se apostó en la ventana de su casa y disparó 36 veces contra estudiantes y personal de una escuela primaria vecina. El motivo: “No me gustan los lunes. Esto me alegra el día”.
Un regalo mortal
Brenda vivía con su padre, Wallace Spencer, un hombre con serios problemas de alcoholismo. Aunque Brenda había pedido una radio como regalo, recibió en su lugar un rifle Ruger calibre .22 con mira telescópica y 500 proyectiles. El mismo que, semanas después, utilizaría para disparar desde su ventana al patio de la Escuela Primaria Cleveland, justo cuando los niños comenzaban a llegar.
Los primeros en caer fueron estudiantes inocentes. El director del centro educativo, Burton Wragg, intentó proteger a un niño herido y recibió un disparo mortal. El portero, Michael Suchar, también perdió la vida al acudir en ayuda. Nueve menores resultaron gravemente heridos. Incluso un policía fue alcanzado por las balas. El caos fue total.
La llamada que lo reveló todo
Durante el asedio, que duró más de seis horas, un periodista del San Diego Evening Tribune logró comunicarse por teléfono con la casa de Brenda. Al atender, la joven respondió con una frialdad que aún estremece: “No me gustan los lunes”. Esa frase se convertiría poco después en la inspiración de una canción icónica de Bob Geldof, líder de The Boomtown Rats, quien no podía creer lo que había leído en los diarios.
Una historia de abandono y señales ignoradas
Brenda era una chica conflictiva, con antecedentes de comportamiento violento. Vecinos la conocían por matar aves con su pistola de aire comprimido y acosar a otros niños. Incluso había sido detenida meses antes por disparar a ventanas de la misma escuela. Su paso por centros psiquiátricos fue inútil y su padre se negó a internarla en un hospital, a pesar de las advertencias.
Años más tarde, Brenda revelaría que su padre la había maltratado y abusado sexualmente, lo que explicaría en parte su estado mental alterado. Su rechazo a sí misma —a sus pecas, su cabello rojizo, sus gafas gruesas— y su creciente aislamiento social, fueron señales de alerta que nadie tomó en serio. El resultado fue devastador.
El juicio y la cadena perpetua
El caso causó conmoción no solo por la edad de la atacante, sino por la ausencia total de arrepentimiento. Brenda fue juzgada como adulta y, un día después de cumplir 18 años, fue sentenciada a 25 años a cadena perpetua. Desde entonces, ha solicitado la libertad condicional en varias ocasiones: 1993, 2001, 2005, 2009, 2022 y 2024. Todas fueron rechazadas.
Hoy, a sus 63 años, sigue recluida en la Prisión para Mujeres de California, en la ciudad de Chino. Su próxima oportunidad de libertad condicional será en 2028.

Una frase que se volvió himno
La canción “I Don’t Like Mondays” se convirtió en un éxito en Europa, pero fue ignorada por las emisoras estadounidenses debido a la sensibilidad del caso. Sin embargo, el tema y su historia siguen presentes como una advertencia sobre la importancia de la salud mental, la responsabilidad parental y el control de armas.
El caso de Brenda Ann Spencer no solo marcó el inicio de los tiroteos escolares modernos en EE. UU., sino que dejó una huella profunda en el debate sobre cómo prevenir tragedias cuando los signos ya estaban allí, a la vista de todos, pero fueron ignorados.


