En una ceremonia llena de emotividad este miércoles amigos y familiares le dieron el último adiós a la enfermera, Lilliam Montoya, y la asistente de pacientes, Lizet Sandí, quienes fallecieron el lunes anterior en un accidente de tránsito cuando la ambulancia en la que viajaban se salió de la carretera y se volcó.
El lamentable hecho ocurrió en el lugar conocido como El Empalme, en San Isidro de El Guarco, en Cartago. Montoya y Sandí viajaban en la parte trasera de la ambulancia privada junto a una paciente con Covid-19 a quien trasladaban al CEACO, ubicado en La Uruca.
La paciente, de 74 años, el conductor de la unidad y una doctora sobrevivieron al percance.
Montoya laboró como enfermera por 12 años en el hospital de San Vito mientras que Sandí tenía 30 años de ser asistente de pacientes en el mismo centro médico.
Los allegados a las funcionarias se congregaron en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, en San Vito, para darles el último adiós. Luego los ataúdes de Lilliam y Lizet fueron llevados hasta el cementerio de San Vito donde las compañeras se separaron ya que el cuerpo de Montoya fue llevado hasta el camposanto de Jabillo de Potrero Grande, en Buenos Aires.
Cumplieron con su última voluntad: ser enterrada al lado de su padre
Según recoge una publicación de diario La Teja, los familiares de Lilliam Montoya cumplieron con el deseo que ella tenía de ser sepultada junto a su padre, Teodorico Montoya, cuando le llegara el momento de partir de este mundo.
“A Lilliam la enterraron en el cementerio en el que está el papá, a ellos los enterraron juntitos”, declaró Ana Yancy Fallas, familiar de Lilliam al rotativo.
Aydé Madrigal, tía de Lilliam, contó a La Teja, que en el cementerio la familia realizó una ceremonia privada para rendirle homenaje.
“En acción de gracias a ella por los hechos que hizo cuando pudo hacerlos quisimos despedirla alegremente, no con tristeza, porque la verdad ella se merecía que se le despidiera así, con felicidad, como ella siempre vivió”, manifestó Madrigal.
“En el cementerio hicimos una oración por ella y luego yo canté alabanzas, porque yo trabajo en la iglesia y me gusta mucho la alabanza alegre, en ese momento sentí que necesitaba hacer eso para despedirme de ella”, agregó.
Madrigal contó que doña Lilliam era una mujer entregada a su trabajo y a la familia. Su madre y su hijo, de 27 años, eran su motor de vida.
Los familiares de la enfermera comentaron que algo que los llena de tristeza es que doña Lilliam estaba muy cerca de cumplir su sueño de tener casa propia, pues ya estaba en planes para mudarse al nuevo hogar que levantó con mucho esfuerzo.
Grandes Heroínas
Jorge Granados, director del Hospital de San Vito, quien estuvo presente en la ceremonia para despedir a las funcionarias, las describió como unas heroínas.
“Es un día muy duro y difícil para todos, estamos muy sentidos por la partida de estas grandes heroínas, Lilliam y Lizet, a quien cariñosamente le decíamos Tita”, comentó Granados.
“Esto es parte de la vida, de servir y de saber que ellas se fueron en el cumplimiento de su labor dando el amor, la protección y el cuido al prójimo, así como siempre lo hicieron con personas enfermas, desvalidas”, añadió.
Por último, el jerarca del centro médico indicó: “Dentro de todo lo catastrófico que es esto siento una paz interna, porque ellas están bien, ellas cumplieron y murieron en su función y en su deber, dos señoras dignas de admirar que lograron salir adelante con sus familias”.


