En diciembre del año 2018, un terrible caso de violencia infantil conmocionó Costa Rica y le dio la vuelta al mundo.
Addis Tamara López Leiva y Jeffyn Quirós Torres, (pareja de la primera) acabaron con la vida de su propia hija; una bebé de tan solo un año.
De acuerdo con la acusación fiscal, los hechos ocurrieron entre octubre y el 06 de diciembre del 2018, en San Rafael de Pavones, en Turrialba, donde la víctima vivía con su mamá y su padrastro.
El Ministerio Público comprobó que la mujer permitió que Quirós golpeara y agrediera a la ofendida, ocasionándole un trauma de tórax con fractura en las costillas, excoriaciones en el brazo derecho, fractura en el hueso del brazo, y en ambas tibias; también presentaba mordidas en varias partes de su cuerpo.
De igual manera, la Fiscalía acreditó que, producto de las agresiones, la niña sufrió un trauma cráneo encefálico, hemorragia en ambas retinas, ausencia de frenillo en el labio, así como otras lesiones.
Debido a estas agresiones, la ofendida, quien tenía un año y dos meses de edad, fue traslada al Hospital William Allen, en Turrialba, y luego al Hospital Nacional de Niños, donde falleció, el 11 de diciembre.
Mientras la sentencia queda en firme, la mujer continuará en prisión preventiva.
Carta viral
Marco Vargas, de la Unidad de Trauma del Hospital Nacional de Niños quien atendió a la niña escribió una carta para la pequeña.
“Me dan asco quienes te hicieron tanto daño y pido, ruego y suplico por que tu dolor no quede impune. Pido por tu venganza, pues si bien esta no da paz, marca el principio del final de tu justicia”, con estas palabras, Marco Vargas, el jefe de trauma del Hospital Nacional de Niños de San José, Costa Rica, se despidió de la niña de un año y dos meses que falleció una semana después de haber ingresado con traumatismos que indicaban que había sido golpeada.
“La noticia se acompaña de furia. Profunda, sincera y devastadora furia humana, aquella que no te permite más que liberar una maldición primigenia contra quienes te hicieron daño, porque a diferencia de los que nos disponíamos a rescatar, ‘M’ había sido lastimada, torturada y herida de muerte a propósito”, escribió.
El médico recordó el momento en que le tocó atender a la menor:”…surge una llamada de auxilio de la pequeña M., su cuerpo con marcas de dolor y en agonía llega a un hospital en donde muchos hacen hasta lo imposible para que no muera en sus manos. Muchos… mueven sus almas y cuerpos para ser parte del conjunto de manos que se unen y en un esfuerzo extraordinario, calando la noche logramos traerla a un hospital en el cual se va a continuar la atención iniciada en el primero”.
“¿Qué hiciste para morir sola?»
“Pero, ¿qué hizo esta pequeña? No sé. Sus manos deberían estar llenas de tierra de juegos y manchas de colores, pero estaban blancas, vacías, abiertas a recibir pero no, por Dios no, por favor no más dolor”, se lee en el mensaje de Vargas.
“Ahora sus manos tenían agujas y pulseras que no eran de colores sino para saber como su corazón luchaba para impulsar sangre”.
“Con sus ojos vacíos, como una casa vacía, con sus ojos despidiéndose de su alma la vimos, con sus ojos que a pérdida de su función por las hemorragias producto de violentísimas sacudidas, se tornaban en ópalos que miraban al infinito”.
“¿Qué hiciste para morir sola, en medio de la multitud de una sala de cuidados intensivos? ¿Quién te dio la mano en el extremo momento?”, continúa más adelante.


